martes, 5 de julio de 2016

Germán Carrera Damas: “El control militar ha fracasado rotundamente”; por Hugo Prieto



Germán Carrera Damas fotografiado por Roberto Mata
Necesariamente, Germán Carrera Damas hace una afirmación. “Yo soy historiador de oficio, no de afición ni de tiempos libres. Es mi vida”. El aviso viene a cuento porque si bien los acontecimientos que se van a tratar en la entrevista son muy actuales, “sólo son comprensibles si se les sitúa en lo que se denomina el tiempo histórico”. No hay ni modo verbal ni conjugación de tiempo, sino “un continuo; el tiempo histórico sólo revela su sentido, por supuesto, en el largo período”.
Bajo esta premisa Prodavinci le ha planteado al historiador Germán Carrera que aborde el tema militar y la encrucijada entre transacción o transición, sin olvidar el telón de fondo marcado por la crisis social, política y económica, que tiene en vilo a la sociedad venezolana. Sobre el papel parece una tarea sencilla. Sin embargo, Carrera Damas, un sibarita de larga trayectoria, apela a un símil. “Un banquete que además incluye el postre”.
A los 86 años, Carrera Damas mantiene una vitalidad sorprendente y un dominio de su intelecto a toda prueba. “No hay goteras en la azotea”, dice. Mientras la serenidad de sus gestos, de sus palabras, aquieta la incertidumbre.
En junio de 2013, usted dijo que el conflicto entre civiles y militares, que en Venezuela tiene antecedentes históricos y una simbología secular, podría tener su último episodio en la actual coyuntura que vive el país. ¿Ha cambiado su forma de ver las cosas o sigue pensando de ese modo?

A comienzos de 2000 tuve la oportunidad de dictar un seminario de postgrado en la Universidad de Florida. Redacté un texto que sirvió de guía cuyo título es “El Bolivarianismo, militarismo, una ideología de reemplazo”. Ese texto se publicó y luego se hicieron dos ediciones. No he cambiado una sola letra. Hubo extrañeza en la propia universidad (en el Instituto de Estudios Latinoamericanos) ante esa propuesta, porque en ese momento se iniciaba un régimen que despertó cierta benevolencia entre algunos intelectuales e historiadores. Pero cuando yo estudié desde sus inicios aquel asunto, lo que me surgió —y esto se activó más con la crisis del socialismo—, es que en realidad estaba surgiendo en Venezuela una ideología de reemplazo, para ocupar el lugar de la crisis integral del socialismo —no sólo autocrático, sino del teórico y la debacle económica—, eso los había dejado sin licencia y por tanto se podía articular un vínculo, que hasta entonces había estado en dificultad, entre el militarismo, digamos entendido como una corriente tradicional, y el neo militarismo, representado por la insurgencia armada de sectores comunistas o socialistas.

¿Usted se está refiriendo a la izquierda armada de los años 60?

Al derrotado, pero que no había sido desarmado, en el sentido de que toda la pacificación que hábilmente llevó adelante el ex presidente Caldera significó una solución diría yo convencional más que real, porque los derrotados no reflexionaron, no llegaron a la conclusión que les permitiera ver la vanidad de su intento, sino que quedaron muy resentidos. Recuerde que ellos fueron derrotados por las Fuerzas Armadas. No fueron batallones de obreros ni de campesinos los que lucharon contra las guerrillas en el interior del país, sino las Fuerzas Armadas, que tuvieron al frente un liderazgo civil capaz de asumir aquella situación y sobre todo inspirar a los militares sentido de obediencia y de dedicación.

¿A qué refiere el concepto de ideología del reemplazo?

Era para reemplazar lo que no se había podido articular en aquella lucha. Recuerde que no hubo lo que podría llamarse un programa alternativo respecto de la democracia liberal moderna que se estaba estableciendo. Muy por el contrario, bajo el influjo del fidelismo, bajo el atavismo de un marxismo de manual, se había creado una especie de amalgama, de posiciones, que consistía más bien en la negación de lo que se estaba haciendo, que en la propuesta era una línea diferente. Pero el gran obstáculo es que allí existía una brecha entre las Fuerzas Armadas y estos movimientos, que surgían, aunque parezca esto un poco extravagante, de una diferenciación histórica. En el fondo estaba aquel juicio de Carlos Marx publicado en la Enciclopedia Americana, donde Marx, influido por los legionarios británicos, entre ellos el general Miller, muy defraudado de aquel esfuerzo, hace un juicio tremendo sobre Bolívar. Marx no tuvo más fuentes de información y se ve que escribió ese artículo para ganarse unos dólares.

Visto lo que opinan otros historiadores, ese artículo tuvo un impacto más revelador que impactante.

Aquello ofendió mucho a los militares venezolanos, pero no crea que por preocupación historiográfica, sino porque su pretensión de ejercer derecho de tutela —y más que de tutela de guarda de la sociedad venezolana— nacía de una ficción, de una gran mentira histórica, conclusión que puedo resumir de esta manera: El 24 de junio de 1821, en la batalla de Carabobo, el Ejército de la República de Colombia (fundada en Angostura, el 17 de diciembre de 1819), comandado por el general colombiano, nacido en la Capitanía General de Venezuela, Simón Bolívar, consolidó la Independencia de la República de Colombia y por lo mismo de uno de sus departamentos, que era el de Venezuela. Eso fue lo que sucedió en Carabobo. Allí, por supuesto, se distinguieron venezolanos notables. Pero no los que se habían quedado en Venezuela, mientras aquellos fueron a fundar Colombia en la Nueva Granada. Recuerde que la ley fundamental de Colombia, aprobada por el Congreso reunido en Angostura, tiene en su artículo primero esta expresión: Desde el día de hoy las repúblicas de Venezuela y de la Nueva Granada quedan reunidas en una sola que llevará el glorioso nombre de Colombia. Es decir, Colombia se fundó en Angostura por empeño de un señor llamado Simón Bolívar. Esa ley entró en vigencia justamente cuando Bolívar la firmó y en ese momento. Desde aquel día, Simón Bolívar se convirtió en el primer colombiano de la historia. No había colombianos antes. Había neogranadinos…

… y venezolanos.

El primer colombiano de la historia fue este señor, Bolívar, cuando terminó de firmar esa ley. Me cuesta pensar en una obra que reúna más determinación, lucidez y gloria, que haber sido capaces de reunir pueblos en una misma aspiración de independencia, de libertad, etc, sin que hubiese sometimiento de carácter violento, militar, o lo que fuere. Por eso la ley que posteriormente se aprobó en Colombia se llama la Ley Fundamental de la Unión de los Pueblos de Colombia y va dirigida al Congreso no ya a los estados o los pueblos, porque se quería fundar no un nuevo estado, sino una nación. Hay una diferencia muy grande entre un Estado y una Nación. Eso es obra de venezolanos. Yo me siento extraordinariamente orgulloso de que nosotros, digo nosotros por correspondencia histórica, hayamos dado una demostración de esa capacidad. ¿Quiénes tenían ese derecho sobre Venezuela? Se planteaba una situación bien curiosa. Los que se quedaron en Venezuela reaccionaron contra aquello, afirmando ¿Qué? Que a ellos se les debía la Independencia, la Libertad y la Patria. Y por eso el 24 de junio es declarado día del Ejército Ve-ne-zo-la-no. Obviamente declararlo <día del Ejército colombiano> sería un poco… difícil.

Más bien extravagante.

Pero de ahí han sacado, los militaristas y su gente, la base para afirmar sus derechos para decidir sobre los destinos de la nación venezolana, determinando cuáles eran las buenas ideas, cuáles eran las malas, determinando quiénes gobernaban y quién se sometía, determinando quién podía ejercer el autoritarismo y el despotismo y quién debía padecerlo y en silencio. Es decir, que el militarismo nace en Venezuela sobre una base históricamente errónea, tergiversada, con todo el propósito de justificar la ausencia de quienes se quedaron en Venezuela cuando los otros venezolanos se fueron con Bolívar y Sucre a consolidar la creación de la República de Colombia. Pero si uno mira la historia de esa manera, como he llegado yo a verla, no puede menos que sentir admiración y respeto por aquellos hombres que eran capaces de defender una misión que era tan creadora, tan amplia, en contra de quienes no llegaban a entender esa misión. En todo caso, reafirmando la obra magna frente a la obra chiquita. ¿Por qué el 24 de junio es el día del Ejército de Venezuela? Debería ser el día de la fundación de la República de Colombia. Obra de venezolanos, en su mayoría civiles, reunidos en el Congreso de Angostura. Ahí está el punto central. Desaparece ese obstáculo y toma cuerpo una disputa que venía planteada desde 1945.

¿Cuál sería el trasfondo del 18 de octubre de 1945? Sin duda una fecha decisiva y dilemática en la historia de Venezuela.

Ese día tiene lugar un muy curioso acontecimiento. Hay una labor ideológica de preparación que lleva a una confluencia con movimientos de descontentos en el seno de las Fuerzas Armadas y se produce la revolución de Octubre. La gente olvida que desde el año 39 ó 40 se venía trabajando en esa especie de concientización alrededor de la necesidad de establecer un gobierno civil, que se necesitaba un gobierno civil, que debía establecerse la República, que había que acabar con el despotismo… Bueno, por ahí hay una cancioncita que dice si el despotismo levanta la voz, pero lo cambiaron por el egoísmo. Y si el despotismo levanta la voz, seguid el ejemplo que Caracas dio.

Permítame una digresión. ¿Cómo tenemos un himno que cita el egoísmo? ¿Qué podemos construir a partir del egoísmo?

No tiene sentido. El problema era el despotismo, precisamente porque la reacción había sido contra el despotismo: la monarquía absoluta, etc, etc. ¿Qué sucede? Se plantea esta situación: Aquellos hombres que no participaron en la parte más compleja, difícil, creativa, no digo heroica, porque toda fue heroica (de la gesta independentista), hablan de la campaña del sur como si fuera el capricho de un loquito llamado Simón Bolívar que decidió meterse en un lugar adonde no tenía que ir, el rencor fue tal que cuando el mariscal de Ayacucho intenta en 1830 impedir que Venezuela rompiera la república de Colombia, un general (Santiago Mariño) que nunca libró una batalla significativa, aunque tenga razones para ser considerado como un elemento glorioso, le niega la entrada a Venezuela por órdenes de Páez. Cada vez que pienso en ese hecho me pregunto: ¿Hasta dónde podía llegar la audacia de lo que yo llamaría la mediocridad frente a la gloria? Pero eso cambia, ahora cambia, ¿En qué sentido? Ya no hay, de ninguna manera un obstáculo, para que los sobrevivientes del fidelismo se sumaran a las Fuerzas Armadas o se subieran al vagón de cola del fidelismo. Recuerde que al mismo tiempo Fidel Castro había abandonado el culto a Martí y se había vuelto bolivariano. En el nombre de Bolívar se creó una ideología de reemplazo, que era Marx, Lenin y Bolívar, no se atrevieron a poner a Stalin de por medio. Es la ideología que se trata de establecer aquí en Venezuela.
La emergencia de una disputa no necesariamente implica una superación del problema. Y más si las motivaciones tienen esa entidad histórica y política.

¿Qué pasó en la década del 40? Los militares, hablo de Pérez Jiménez, su hermano y un grupito más, se dieron cuenta de que ellos, que habían puesto la fuerza para el movimiento, habían terminado cerrándose el camino del poder y abriéndoselo a los civiles, porque ellos no tenían una figura que pudiese representar el poder militar. En cambio, qué hace Betancourt, todo el mundo pensaba que él iba a ser el candidato, no, sugiere a (Rómulo) Gallegos, que era una figura nacional, que no había quien compitiera con ella. Entonces, se establece el poder civil e inmediatamente comienza la conspiración de los militares. El resultado fue el 24 de noviembre de 1948 cuando se pensaba que las cosas volvían a la normalidad. El manifiesto de los golpistas es clarísimo… nosotros cansados de esta situación, confiamos en un partido político que ha traicionado… reasumimos la guarda de la República. La República era de ellos. Se la habían apropiado. De ahí nace el militarismo que corre a lo largo de todo el siglo XX. Ahora, con un viso de <modernidad>, el socialismo por un lado, el fidelismo por el otro, pero en esencia es lo mismo, hasta llegar a este punto. Actualmente, el militarismo controla el Estado —hasta el 6 de diciembre—, por eso hay cierto disgusto, ¿no?, el gobierno, la administración pública, la economía, pretende manejar la opinión pública y ya no les queda nada que controlar, pero eso es una demostración de fuerza. Yo recuerdo que los gobiernos militares anteriores gobernaban con civiles y mantenían ciertos visos de civilidad. A Gómez, por ejemplo, le interesaba más el poder que el gobierno.

Eso también está presente en la historia de Cuba. Oswaldo Dorticós, quien era presidente nominal, tenía como ventrílocuo a Fidel Castro.

Yo estuve en Cuba en 1950. Había allí la aspiración de una república liberal y democrática. (Eduardo) Chibás y otros. Pero como dicen los franceses, la mataron en el huevo, para abrirle el camino a lo otro (el castrismo) y la desprestigiaron con aquella expresión terrible: La republiqueta. ¿Aquí que hicieron? Allá la republiqueta y aquí el puntofijismo. Es que ni siquiera son creativos.

¿Usted cree que la sociedad venezolana está consciente de estos hechos?

No, no está consciente. ¿Por qué cree que lo digo y lo repito?, entre otras cosas porque a mí me tomó tiempo como historiador llegar a  lo que llamaríamos la verdad comprobable. Es decir, según las fuentes, según las situaciones. ¿Qué hace un historiador cuando tropieza con algo que parece verdad? Puede dejarlo de lado, porque no le conviene; puede, sencillamente, borrarlo de su mente o puede, incluso, callarlo. Pero el verdadero historiador no tiene esas alternativas. El verdadero historiador tiene el mandato intelectual, fundamental, luego de haber llegado a la verdad histórica, aunque sea cuestionable, de tener el coraje intelectual para decirla, incluso, corriendo el riesgo de equivocarse él mismo. Decirla y someterla a debate.

No existe la verdad. Existe la verdad de cada quien.

Esto me llevó a mí mucho tiempo de reflexión y de estudio. ¿Por qué me atreví yo a decir en 2000 qué era lo que venía? Yo no soy un visionario. Yo no pretendo ver el futuro. Yo interpreto la historia.

Es cierto, hay un continuo del militarismo…

… pero no estamos hablando de tiempos remotos, estamos hablando de medio siglo.

Pareciera que en esta etapa del chavismo, quien gobierna no es el presidente Nicolás Maduro, sino los militares.

Tú lo has dicho, no yo. Es así, por eso digo que no es un signo de poder, sino más bien de desesperación. Es decir, ya no les basta con controlar el poder, tienen que impedir toda expresión que se salga de su absoluto control despótico. ¿Qué significa eso? Fuerza o temor. Yo estoy convencido de que es temor. Y creo que no estaba equivocado cuando he dicho que el 6-D (2015) fue nuestro verdadero Carabobo, porque por primera vez en su historia, la sociedad venezolana tomó en sus manos su causa, no ya la independencia, sino la libertad. En Carabobo se logró la independencia. Pero independencia y libertad son dos cosas diferentes. No van necesariamente juntas.

¿Diría que podrían ser excluyentes?

Por supuesto. Todos los gobiernos venezolanos han dicho, incluido el de ahora, no se metan en los asuntos de Venezuela porque este es un país libre. Suena a broma ¿no? Con la ironía mayor de que en el caso actual ni es independiente ni es libre.

El 6-D, de acuerdo a lo que usted ha expuesto tiene una entidad mucho más allá del plano electoral.

Sí, lo he dicho y lo he escrito. En una o dos generaciones, la sociedad venezolana será la primera sociedad genuinamente democrática de América Latina. Lo digo, incluso, poniendo en juego toda mi reputación como historiador. El 6-D fueron los venezolanos, no porque los llevó un partido, no porque los convocó un líder o los llamó un mesías, los que asumieron por primera vez en su historia, de una manera directa y enfrentando todas las dificultades, la determinación de su destino.

Pero lo dice en el momento en que hay más oscuridad.

Después de la oscuridad viene el amanecer, ¿no? Eso no me asombra. Si pensamos en la oscuridad en otros países… caramba. La oscuridad en Rusia duró 70 años. Y de pronto amaneció. Y no se movió una hoja en defensa del pasado.

En Cuba ya dura 70 años.

Hay una diferencia elemental con Cuba. La única sociedad de América Latina que tiene el privilegio de poder recordar la democracia es Venezuela. Todos los demás la han buscado, la han anhelado. Nosotros la vivimos durante casi medio siglo. ¿Qué explica que jóvenes que tenían 10 años cuando esto comenzó sean capaces de exponer su vida en defensa de la democracia y de la libertad? ¿Dónde aprendieron libertad y democracia?

Allí también hay un continuo.

Pero no es el ambiente el que se los ha dado, es la familia, es el entorno social, los vecinos, los amigos, todo. Ya eso ha echado raíces en la sociedad y por eso no puede ser desatendida sino por una brutal violencia que termina reforzándola. A la desesperación de este régimen todavía le falta un escalón.

¿Cuál sería?

No, ahí me callo. Yo no le voy a dar ideas al enemigo. No hace mucho sostuve, y lo dije públicamente, que la historia no registra un caso de un régimen sociopolítico liberal democrático que haya sido establecido democráticamente, pero tampoco de un régimen sociopolítico liberal democrático que haya sido restablecido democráticamente. Yo pensé que el 6-D nosotros íbamos a romper con esa especie de maldición histórica. ¿Y qué está pasando? Esta misma semana surgió el planteamiento de suprimir la Asamblea Nacional.

Lo que está pasando es que mientras se fortalece el militarismo, la Asamblea Nacional se convierte en algo accesorio, en una molestia.

Pero se reduce la Fuerza Armada a la condición de policía. Mientras tanto, ¿qué cosa ha logrado el control militar sobre Venezuela? ¿Qué resultado pudiera ser considerado como beneficioso para la sociedad?

¿Progreso? ¿Bienestar? ¿Avance?

No, no. Estás haciendo un esfuerzo para encontrar algo. Es decir, han fracasado rotundamente. ¿Qué les queda como única posición de repliegue? La violencia, ejercida en cualquiera de sus formas.

Que es lo que hemos visto y vamos a seguir viendo.

Y todavía veremos.

Germán Carrera Damas fotografiado por Roberto Mata
Germán Carrera Damas fotografiado por Roberto Mata
¿Y usted cree que en medio de este trance se puede hablar de transición?

Recuerde que yo no tengo un pensamiento propio. Yo razono como historiador. Es normal que los pueblos en medio de una situación extremadamente crítica, anhelen sobre todo la superación del momento. ¿Qué dijo Chamberlain la mañana en que empezó la Segunda Guerra Mundial? Dijo que había llegado la paz. Él respondió como político. 50 millones de muertos. La paz llegó con una bomba atómica. Caramba, uno no puede cerrar los ojos ante este hecho. Se llegó a la paz, se abrió el camino a una humanidad mucho más apta para la convivencia, sobre la base de un extremado uso de la fuerza. En el caso de Venezuela, yo les pregunto a mis alumnos. ¿A qué le teme más la paz? ¿A la justicia, al perdón o al olvido? Lo he discutido con ellos libremente, y le puedo decir que después de dos o tres horas de discusión aterrizamos en la justicia.

¿Transacción o transición? Transacción sería una negociación entre los factores políticos. Transición es un arreglo que una de las partes es capaz de promover, de imponer, digamos, en el sentido hegemónico de lo que podría ser una política distinta, diferente.

La sociedad venezolana ha sido dañada en su tejido, digamos, en sus tres resortes fundamentales. Primero, la relación entre logro y esfuerzo. Segundo, la relación entre daño y sanción. Tercero, ésta es quizás la más difícil de todas, entender la relación individuo-sociedad como una responsabilidad. En consecuencia, nada de lo que le suceda a la sociedad me es ajeno. En consecuencia mi arma es la soberanía popular. Pero nosotros hemos sido dañados en esos tres resortes. Y hoy día vemos que mucha gente, de todos los niveles, quiere lograr las cosas sin esfuerzo, o quiere cometer la falta y que no la sancionen o quiere desentenderse: yo no me meto en política, quiere prescindir de la sociedad cuando no puede existir sin la sociedad. Bueno, ese daño tendría que ser reparado. ¿Y qué cosas podrían repararlo? ¿El olvido, el perdón o la justicia? El olvido no se puede decretar, se ha intentado en la historia de Venezuela en varias ocasiones. ¡Olvido lo pasado! Y el resultado ha sido preparar nuevos y más duros enfrentamientos. El perdón, allí está la respuesta que me dio uno de mis alumnos, el padre Guillermo Emilio Wilwol, filósofo e intelectual eminente, cuando le pregunté ¿por qué el Quijote le dice a Sancho perdona pero castiga primero? Parece una contradicción, ¿no? A los pocos días, el padre Wilwol me dio esta respuesta:Mire, el perdón va dirigido al agraviado para que limpie su alma de rencor, de odio, porque de lo contrario seguirá haciendo el daño que sufrió inicialmente. El castigo va dirigido al que comete la falta, pero no como una sanción, sino como una manera de ayudarle a tomar conciencia de que ha infringido un sagrado mandamiento. No hagas a otro lo que no deseas que te hagan a ti mismo. En consecuencia, el perdón va menos con el olvido y más con la justicia. Pero olvidamos que eso ya se hizo en Venezuela como obra de la Revolución de Octubre. ¿Quiénes fueron los sancionados por el Tribunal de Responsabilidad Social y Administrativa? Más de 70. Qué hicieron en Alemania con los juicios de Nuremberg. Acaban de condenar (esta misma semana) a uno que tiene 94 años.

Uno de los sancionados fue Arturo Uslar Pietri.

Claro, ¿y por qué cree que Uslar Pietri nunca superó aquel resentimiento tremendo porque le frustraron su carrera política? Él pensaba que era el más indicado para ser el presidente de Venezuela. Pero además lo sancionaron por ladrón. Por casi un millón de bolívares mal habidos, en todo caso. El juicio existe. Yo lo he leído. Y qué curioso. ¿Sabe quién era el secretario del tribunal? Gallegos Mancera, el comunista. Existe el folleto. Eso no significa ignorar el valor de Uslar como intelectual.

¿Usted cree que debe aplicarse la justicia transicional?

Yo no le pongo apellido ni a la justicia ni a la democracia, porque cuando se le pone apellido, la dañas. <La verdadera democracia>, <la auténtica democracia> (como se tildaba en la extinta URSS), todo lo que usted quiera y termina uno estableciendo la dictadura stalinista.

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