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domingo, 20 de septiembre de 2015

SOLTAR


Érase una vez, dos monjes zen que caminaban por el bosque de regreso a su monasterio.

En su camino debían de cruzar un río, en el que se encontraron llorando una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo.


– ¿Que sucede? – le preguntó el monje más anciano.
– Señor, mi madre se muere. Está sola en su casa, al otro lado del río y no puedo cruzar. Lo he intentado – siguió la mujer – pero me arrastra la corriente y nunca podré llegar al otro lado sin ayuda. Ya pensaba que no volvería a verla con vida, pero aparecisteis vosotros y  podéis ayudarme a cruzar…
– Ojalá pudiéramos ayudarte – se lamentó el más joven. Pero el único modo posible sería cargarte sobre nuestros hombros a través del río y nuestros votos de castidad nos prohíben todo contacto con el sexo opuesto. Lo lamento, créame.
– Yo también lo siento- dijo la mujer llorando desconsolada.

El monje más viejo se puso de rodillas, y dijo a la mujer: – Sube. La mujer no podía creerlo, pero inmediatamente cogió su hatillo de ropa y montó sobre los hombros del monje.

Monje y mujer cruzaron el río con bastante dificultad, seguido por el monje joven. Al llegar a la otra orilla, la mujer descendió y se acercó con la intención de besar las manos del anciano monje en señal de agradecimiento.

– Está bien, está bien- dijo el anciano retirando las manos. Por favor, sigue tu camino. La mujer se inclinó con humildad y gratitud, tomo sus ropas y se apresuró por el camino del pueblo. Los monjes, sin decir palabra, continuaron su marcha al monasterio… aún tenían por delante diez horas de camino.

El monje joven estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Un monje zen no debía tocar una mujer y el anciano no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros. Al llegar al monasterio, mientras entraban, el monje joven se giró hacia el otro y le dijo:

– Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de lo sucedido. Está prohibido.
– ¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido? -dijo el anciano
– ¿Ya te has olvidado? Llevaste a esa hermosa mujer sobre tus hombros – dijo aún más enojado.

El viejo monje se rió y luego le respondió: 

– Es cierto, yo la llevé. Pero la dejé en la orilla del río, muchas leguas atrás. Sin embargo, parece que tú todavía estás cargando con ella…


El acto termina en el momento del propio acto. Esta lección es una de las más difíciles de ser aprendida, pues una y otra vez caemos en la recurrencia de llevar el acto a cuestas una vez realizado. Toda acción sea de pensamiento, palabra u obra, termina en el momento de la propia acción, todo lo demás es fantasía, retorcijo mental sin ningún beneficio para nosotros ni para nadie, que termina contaminando y envenenando nuestro espacio matricial mental con endo energías, generando una octava de contaminación que terminará en el espacio matricial físico como exo energías nocivas. 

Estoy cansado de ver estos sucesos de recurrencia una y otra vez, generados por no cumplir esta simple norma de terminar el suceso en el momento que éste se manifiesta, quedándonos cargando la pesada mochila de la expectativa sobre el mental, o infinidad de otras pesadas cargas que ocasiona el no dejar a “la mujer en la orilla del río”, cargando con la culpa, la expectativa, la inconformidad, los miedos, el resentimiento, la desconfianza, y cientos y cientos de endo y exo energías que nos envenenan hasta lograr destruir hasta lo más preciado que tengamos. 
    
He visto como se derrumban universos enteros por este error común a la mayoría. Ciegos con sus bastones de expectativas caminando hacia el abismo de su propia mente, esperando la aceptación o el rechazo, cargando su pesada mochila, incapacitados de ver que simplemente tienen que dejarla al costado del río una vez cruzado para que todo sea como deba ser. Soltar es liberar lastres dejando de sufrir por fantasías generadas por nuestra propia mente. Soltar es liberarnos de nuestra propia espada de Damocles que nos apunta amenazante sobre nuestras cabezas, manteniéndonos cautivos de pensamientos nuestros y ajenos, creyendo que si dejamos de escucharlos caerá sobre nosotros. 

“…Vivimos en un universo dual, en una realidad dual, con pensamientos y emociones duales, regidos por yoes duales, con egos duales e influencias de luces y sombras duales. Tendemos a analizar todo de una forma lineal donde en un extremo se encuentra la aceptación y en el otro el rechazo, diluyendo la zona media con un sinfín de exo y endo energías que terminan por disolver el objeto y condenar o absolver al sujeto según el péndulo de nuestra consciencia se balancee entre nuestra natural inseguridad y nuestro ancestral miedo…” INFORME PARA CIEGOS


jueves, 18 de septiembre de 2014

Cuento: Como deshacerse de la suegra.




Hace mucho tiempo, una joven China llamada Li se casó y fue a vivir con el marido y la suegra. Después de algunos días, no se entendía con ella. 

Sus personalidades eran muy diferentes y Li fue irritándose con los hábitos de la suegra, que frecuentemente la criticaba. Los meses pasaron y Li y su suegra cada vez discutían mas y peleaban. 

De acuerdo con una antigua tradición china, la nuera tiene que cuidar a la suegra y obedecerla en todo. 

Li, no soportando mas vivir con la suegra, tomó una decisión y visitó a un amigo de su padre.

Después de oírla, él tomó un paquete de hierbas y le dijo: “No deberás usarlas de una sola vez para liberarte de tu suegra, porque ello causaría sospechas. Deberás darle varias hierbas que irán lentamente envenenando a tu suegra. Cada dos días pondrás un poco de estas hierbas en su comida. 

Ahora, para tener certeza de que cuando ella muera nadie sospechará de ti, deberás tener mucho cuidado y actuar de manera muy amable. No discutas, ayudala a resolver sus problemas. Recuerda, tienes que escucharme y seguir fielmente todas mis instrucciones”. 

Li respondió: 

“Sí, Sr. Huang, haré todo lo que el señor me pida”. 


Li quedó muy contenta, agradeció al Sr. Huang, y volvió muy apurada para comenzar el proyecto de asesinar a su suegra.

Pasaron las semanas y cada dos días, Li servía una comida especialmente tratada a su suegra. Siempre recordaba lo que el Sr. Huang le había recomendado sobre evitar sospechas, y así controló su temperamento, obedecía a la suegra y la trataba como si fuese su propia madre. 

Despues de seis meses, la casa entera estaba completamente cambiada. Li había controlado su temperamento y casi nunca la aborrecía.

En esos meses, no había tenido ni una discusión con su suegra, que ahora parecía mucho más amable y más fácil de lidiar con ella. Las actitudes de la suegra también cambiaron y ambas pasaron a tratarse como madre e hija. 

Un día Li fue nuevamente a ver al Sr. Huang, para pedirle ayuda y le dijo: 

“Querido Sr.Huang, por favor ayudeme a evitar que el veneno mate a mi suegra. Ella se ha transformado en una mujer agradable y la amo como si fuese mi madre. No quiero que ella muera por causa del veneno que le di”. 

El Sr. Huang sonrió y señaló con la cabeza: 

“Sra. Li, no tiene por que preocuparse. Su suegra no ha cambiado, la que cambió fue usted. Las hierbas que le dí, eran vitaminas para mejorar su salud. El veneno estaba en su mente, en su actitud, pero fue echado fuera y sustituido por el amor que pasaste a darle a ella”. 

En la China existe un adagio que dice: 

“La persona que ama a los otros, también será amada”. 
Nuestros pensamientos modelan la realidad de nuestro entorno, así que seria bueno prestarles mucha atención.
Pero sobre todo este cuento nos enseña que debemos hacer en nosotros el cambio que esperamos ver en los demás.