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miércoles, 24 de agosto de 2016

La Impactante Historia Oculta en Equilibrium- ¿Controlan nuestras emocio...



El universo... pensamiento positivo... como 2 veces al día me valen guano!!!!
El positivismo es la mayor estafa de la nueva era y los pseudo libritos del pensamiento positivo, pues pensar negativamente muy de vez en cuando nos permite buscar soluciones adecuadas a un problema presente. Solo pensando positivo no vamos a solucionar un problema, y lo que es peor, no querer ver lo malo, solo hace que tarde o temprano estos sentimientos y emociones nos destruyan. 

Es como ver que viene un tren de frente e imaginarse que pensando positivo y diciéndole al universo que no te va a volver papilla esto se va a hacer realidad.... al que haga tremenda estupidez como esa lo veremos pronto en otro plano de existencia.



sábado, 21 de noviembre de 2015

Las 4 leyes del desapego para la liberación emocional

Es posible que la palabra “desapego” te cause cierta sensación de frialdad e incluso de egoísmo emocional. Nada más lejos de la realidad. La palabra desapego, entendida dentro del contexto del crecimiento personal, supone un gran valor interior que todos deberíamos aprender a desarrollar.

Practicar el desapego no significa en absoluto desprendernos de todo aquello que nos es importante, rompiendo vínculos afectivos o relaciones personales con quienes forman parte de nuestro circulo personal.
Significa básicamente saber amar, apreciar e involucrarnos en las cosas desde un punto 
de vista más equilibrado y saludable, liberándonos a la vez de esos excesos que nos ponen cadenas y que nos amarran. Que nos cortan las alas.
La liberación emocional es darnos la opción de vivir con más honestidad de acuerdo a nuestras necesidades, ofreciéndonos a su vez la opción a crecer, de avanzar con conocimiento de causa. Sin dañar a nadie, sin que nadie nos ponga tampoco su cerco camuflado con las cadenas del amor pasional, filial o incluso materno.
Aprendamos, pues, a poner en práctica estas sencillas leyes sobre el desapego…

Primera ley: eres responsable de ti mismo

Nadie va a retirar cada piedra que te encuentres en tu camino, al igual que nadie va a respirar por ti ni se va a ofrecer como voluntario para cargar tus penas o sentir tus dolores. Tú mismo eres artífice de tu propia existencia y de cada paso que das.
Así pues, la primera ley que debes tener en cuenta para practicar el desapego, es tomar conciencia de que eres pleno responsable de ti mismo.
-No pongas en el bolsillo de los demás tu propia felicidad. No concibas la idea de que para ser feliz en esta vida, es esencial encontrar una pareja que te ame, o tener siempre el reconocimiento de tu familia.
–Si el barómetro de tu satisfacción y felicidad está en lo que los demás te aportan, no conseguirás más que sufrimiento. ¿La razón? Pocas veces lograrán cubrir todas tus necesidades.
-Cultiva tu propia felicidad, siéntete responsable, maduro, toma conciencia de tus decisiones y de sus consecuencias, elige por ti mismo y no dejes nunca que tu bienestar, dependa siempre de corazones ajenos.

Segunda ley: vive el presente, acepta, asume la realidad

En esta vida, nada es eterno, nada permanece, todo fluye y retoma su camino tejiendo ese orden natural que tanto nos cuesta asumir a veces. Las personas estamos casi siempre centradas en todo aquello que ocurrió en el pasado y que, de algún modo, se convierte ahora en una dura carga que altera nuestro presente.
Esas desavenencias familiares, ese trauma, esa pérdida, ese fracaso sentimental o esa frustración no superada. Todo ello son anclas que nos aferran, que ponen cadenas en nuestros pies y anzuelos en nuestra alma.
Es un apego tóxico y poco saludable que nos impide avanzar en libertad y plenitud.
Acepta, asume y aunque te cueste, aprende a perdonar. Te hará sentir más liberado y te ayudará a centrarte en lo que de verdad importa, el “aquí y ahora“, este presente donde tienes tu verdadera oportunidad. ¿A qué esperas?

Tercera ley: promueve tu libertad y permite ser libres también a los demás

Asume que la libertad es la forma más plena, íntegra y saludable de disfrutar de la vida,
de entenderla en toda su inmensidad.
No obstante, ello no impide que podamos establecer vínculos afectivos con otras personas, porque también ello forma parte de nuestro crecimiento personal. Saber amar y saber recibir amor.
No obstante, el desapego implica que nunca debes hacerte responsable de la vida de los otros, al igual que los demás, no deben tampoco imponerte sus principios, sus ataduras o cadenas personales para aferrarte a ellos. Es aquí donde empieza el auténtico problema y los sufrimientos.
Los apegos intensos nunca son saludables, pensemos por ejemplo en esos padres obsesivos que se exceden en la protección de sus hijos y que les impiden poder madurar, poder avanzar con seguridad para explorar el mundo.
La necesidad de “despegarse” es vital en estos casos, ahí donde cada uno debe salir de los límites de la certidumbre para aprender de lo imprevisto, de lo desconocido.

Cuarta ley: asume que las pérdidas van a sucederse tarde o temprano

Volvemos de nuevo a la misma idea: aceptar que, en esta vida, nada puede contenerse eternamente. La vida, las relaciones, e incluso las cosas materiales, terminan desvaneciéndose como el humo que se escapa de una ventana abierta o el agua fresca que resbala por nuestros dedos.
Las personas se irán, los niños crecerán, algunos amigos dejarán de serlo y algunos amores se irán del calor de tu mano… Todo ello forma parte del desapego, y como tal, hemos de aprender a asumirlo para afrontarlo con mayor integridad. Con mayor fuerza. Pero lo que nunca va a cambiar, es tu capacidad de querer.
Y debes empezar siempre por ti mismo.
Psicología/Valeria Sabater
http://mauandayoyi.blogspot.com.es/2015/11/las-4-leyes-del-desapego-para-la_92.html

domingo, 15 de noviembre de 2015

Esterilidad emocional: ¿Nos equivocamos al educar a los niños dentro de “burbujas felices”?

niño con audífonos

En los últimos tiempos los médicos y biólogos han comenzado a llamar nuestra atención sobre la propensión de nuestra sociedad a crear entornos de vida cada vez más estériles. Hay muchos especialistas que afirman que nuestra tendencia germofóbica en realidad resulta dañina, sobre todo para los niños, ya que no le damos la oportunidad a su sistema inmunitario de desarrollar las defensas que necesita para enfrentarse a los gérmenes. Por eso, según algunos, en las últimas décadas ha aumentado tanto el número de niños que padecen enfermedades autoinmunes.
Ahora un estudio realizado en el ámbito de la Psicología retoma, de cierta forma, esta idea. Según investigadores de la Universidad de Minnesota, una educación “tumultuosa” prepara a los niños para enfrentar las injusticias de la vida y les ayuda a tomar mejores decisiones.

Una niñez tumultuosa puede tener sus ventajas

Diferentes investigaciones han demostrado que los niños que crecen en hogares más pobres y desestructurados muestran diferencias en la toma decisiones, la memoria y el funcionamiento cognitivo en general.
Los estudios sobre la toma de decisiones, por ejemplo, revelan que las personas que han crecido en entornos estresantes suelen elegir las pequeñas recompensas instantáneas en vez de esperar y apostar por recompensas mayores. Sin duda, se trata de una decisión comprensible ya que su historia ha estado marcada por la incertidumbre. Si en su mundo no había nada garantizado, es normal que opten por la certeza del aquí y ahora, en vez de esperar por una recompensa que podría no llegar. En práctica, estas personas aplican eso de “más vale pájaro en mano que cien volando”.
Estos cambios siempre se han considerado deficiencias pero ahora estos investigadores ponen sobre la mesa una nueva teoría: solo se trata de diferencias, no significa que estos niños serán menos capaces al llegar a la adultez. De hecho, incluso pueden tomar mejores decisiones y ser más resilientes, en dependencia de las demandas del contexto.
En este estudio en cuestión se analizaron las funciones ejecutivas, que son las que nos permiten procesar y gestionar nuestros comportamientos más complejos, incluyendo la toma de decisiones y el nivel de atención. El experimento se centró en evaluar la inhibición, que puede entenderse como la capacidad de permanecer concentrados en la tarea obviando las distracciones del medio, una habilidad que tradicionalmente se ha relacionado con la posibilidad de retrasar las gratificaciones.
También se evaluó la capacidad para cambiar de un objetivo a otro tan rápido como sea posible, una habilidad que resulta particularmente importante para las personas que se desenvuelven en contextos imprevisibles, que cambian continuamente.
Al terminar el experimento, los investigadores pudieron apreciar que las personas que se habían criado en ambientes más tumultuosos o adversos superaban con creces a quienes habían crecido en entornos más felices. Estas personas eran capaces de obviar las distracciones del medio y mantenerse focalizadas en la actividad. También tenían la habilidad de cambiar su focus de atención en poco tiempo.

El positivismo a ultranza genera una felicidad artificial

En los últimos años, a raíz de la difusión de los mensajes positivos y la explosión de lo que podríamos denominar la “Psicología de la Felicidad”, hemos creado un entorno artificial en el que demonizamos las emociones “negativas” e intentamos potenciar a toda costa las emociones “positivas”. Sin embargo, la vida no es así, la vida es sufrir y reír, enfadarse y recomponerse, sentir nostalgia y seguir adelante.
Por eso, la tendencia a proteger excesivamente a los niños de las inclemencias de la vida, las injusticias y los problemas cotidianos en realidad puede ser contraproducente. Edulcorar su mundo y crear una burbuja de falsa felicidad puede hacer que se formen una imagen distorsionada de la realidad y, lo que es aún peor, que no cuenten con las herramientas necesarias para hacerle frente a los problemas. Un niño que no comete errores no desarrollará una buena tolerancia a la frustración, un niño educado en la represión de las emociones “negativas” será un adulto discapacitado emocionalmente.
Por supuesto, no me malinterpretéis (aunque igual creo que habrá personas que lo harán), tampoco se trata de seguir un estilo de educación espartano. Para quienes no lo sepan, abro un pequeño paréntesis histórico, en Esparta se estableció la eugenesia por lo que, nada más nacer, si el niño no tenía una constitución robusta, se abandonaba en una cima o barranco. Si sobrevivía y soportaba el frío, el calor y la oscuridad, entonces se rescataba y educaba.
No se trata de exponer innecesariamente a los niños a situaciones que le hagan daño, solo para templar su carácter. Sin embargo, es importante que esa obsesión por la esterilidad no se extienda al plano psicológico, es fundamental no caer en la esterilidad emocional, en la felicidad artificial.
No podemos proteger a los niños de todo, porque la resiliencia solo se forma en la adversidad. Se trata de encontrar un punto intermedio, de manera que permitamos que los niños puedan ir desarrollando sus propias herramientas psicológicas para hacerle frente a la vida.

Cinco principios para educar para la vida

1. Deja que se equivoque, caiga y comience de nuevo. Los padres tienen la tendencia a evitar que sus hijos se equivoquen, les protegen porque no quieren que cometan sus mismos errores. Sin embargo, hay muchas lecciones de vida que solo podemos aprender equivocándonos, sufriendo y volviéndonos a levantar. En ese proceso aprendemos y nos fortalecemos.
2. No etiquetes las emociones. No somos responsables por lo que sentimos, sino de lo que hacemos con ello. Esto significa que no tiene sentido catalogar las emociones como positivas o negativas ya que, por mucho que nos esforcemos, no podemos evitar sentir. De hecho, según el contexto, la euforia puede ser tan dañina o inadecuada como la ira. Por eso, más que censurar las emociones, debemos enseñarles a los niños a expresarlas de manera asertiva.
3. Fomenta los cambios. Es cierto que los niños necesitan cierto grado de estabilidad porque así se sienten seguros. Sin embargo, no es menos cierto que la sociedad en la que vivimos es muy convulsa y necesitamos estar preparados para enfrentar la incertidumbre y los cambios. Por eso, los padres deberían fomentar una actitud abierta al cambio en los niños, para que desde pequeños aprendan a lidiar con la incertidumbre y sean capaces de no apegarse demasiado a las cosas y situaciones.
4. No escondas la realidad. Muchos padres intentan edulcorar la realidad, creando un falso telón de fondo de felicidad. Obviamente, es importante que los niños tengan buenos recuerdos de su niñez, pero eso no significa que no deban enfrentar situaciones de duelo o que no deban estar al tanto de los problemas familiares. Por supuesto, tampoco se trata de agobiarlos, sino tan solo de explicarles las situaciones, dándoles solo el peso que son capaces de soportar. De esta forma estamos potenciando la responsabilidad y la resiliencia.
5. Fomenta la independencia y la capacidad para tomar decisiones. Los adultos piensan que los niños no son capaces de tomar decisiones. Es cierto que su visión del mundo es muy limitada pero, aún así, los pequeños tienen necesidades, sentimientos y sueños, por lo que es importante enseñarles a tomar las riendas de su vida desde temprano. Poco a poco, según su nivel de madurez, debemos ir potenciando la independencia, y para ello es fundamental que aprendan a tomar decisiones y que se hagan responsables por sus actos.
La infancia debe ser una etapa feliz, de eso no cabe dudas. Sin embargo, también es un periodo crítico para la formación de muchas habilidades, capacidades y valores. Por eso, eduquemos al niño de hoy pensando en el adulto que será mañana.