En la sociedad actual la estupidez acaba rezumando por todos los poros.Y nada parece poder detenerla.Estos últimos días, hemos visto una noticia que expone claramente el nivel de estulticia y superficialidad que tanto nos afecta.Así es como la exponían en RT:¿Una obra de arte o solo unas gafas? Visitantes de un museo se confundenUn joven de 17 años ha colocado unas gafas en el suelo en el Museo de Arte Moderno de San Francisco (EE.UU.) para ver la reacción de otros visitantes, informa el portal BuzzFeed.Según el joven, unos segundos después de que las gafas fueran puestas numerosas personas empezaron a acercarse a la ‘pieza’ para observarla y tomar fotos.Las imágenes del joven en las que se aprecia cómo los visitantes observan con detenimiento el objeto se han hecho virales en Internet y han sido compartidas más de 32.000 veces y cuentan con 36.000 me gusta en Twitter.Como es de imaginar, el asunto ha levantado una oleada de críticas y comentarios afilados en las redes e incluso en algunos medios, la mayoría de las cuales se han centrado en criticar la estupidez que rodea al arte contemporáneo.Y aunque suscribimos muchas de esas opiniones, no dejan de ser una visión superficial del asunto.Y es que el quid de la cuestión no está en criticar aquello que la gente interpreta como “arte” en la actualidad.Ni tampoco se llega al fondo de la cuestión tildando de bobos a los que estaban en la galería e interpretaron erróneamente lo que significaban esas gafas. Probablemente, la mayoría de esa gente tenga un cierto nivel cultural y una cierta capacidad de análisis y raciocinio; al menos el suficiente como para estar en un museo y no sentados en un sofá viendo la tele.Al fin y al cabo, si los que estaban en el museo y creyeron que las gafas eran arte son unos memos, entonces ¿cómo debemos calificar a todos aquellos que pasan horas viendo por la tele a un grupo de semi-analfabetos barriobajeros chillándose en una tertúlia del corazón o presenciando embelesados como un grupo de repugnantes pseudo-famosos se pelean entre sí mientras estan presuntamente abandonados en una isla?La clave del asunto pues, radica en tratar de comprender a través de qué mecanismos toda esa gente que estaba en la galería y que presumiblemente deberían tener una cierta cultura y capacidad intelectual, interpretó que esas gafas en el suelo eran una obra de arte.Y la respuesta a esta cuestión es bien sencilla, aunque parezca una perogrullada: esa gente interpretó que las gafas eran una obra de arte, por el simple hecho de que estaban dentro de un museo de arte contemporáneo.Así de simple.Si hubieran visto esas mismas gafas en un banco del parque o al lado de una fuente, no habrían creído que fueran una obra de arte. Solo habrían visto un objeto.Al ver las gafas, esas personas han presupuesto que debían ser una obra de arte, por que su mente ha sido programada para presuponerlo así; en otras palabras: la programación mental recibida les ha llevado a crear una realidad artificial alrededor de cualquier objeto que esté en ese lugar concreto llamado “museo”, convirtiéndolo potencialmente en un elemento abstracto llamado “obra de arte”, aunque el objeto en cuestión sea una compresa pegada en una pared o unas gafas tiradas en el suelo.Como vemos pues, en su interpretación de lo que es “arte”, en ningún momento han obedecido a su sensibilidad individual, ni se han escuchado a sí mismos.Eso implica que en la interpretación de lo que es arte en la actualidad, ya no importa el criterio propio o la propia sensibilidad: solo importa la programación mental recibida.De hecho, el incidente de las gafas nos demuestra que hemos llegado a un punto tal, que el arte, no es arte por la obra en sí misma, ni por el efecto que provoca en quién la ve, sino por el edificio en la que está ubicada o por el envoltorio social o definitorio que la rodea.Por lo tanto, la definición de “arte” ha cambiado.Hasta ahora, era la siguiente:Arte: Manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.En cambio, ahora podríamos definirla como:Arte: todo aquello que la Autoridad Oficial correspondiente decida definir como “arte”¿Y qué es la “Autoridad Oficial correspondiente”?Pues bien, la “Autoridad Oficial” puede manifestarse de muchas formas, a veces combinadas; puede ser una autoridad política, policial, judicial, social, religiosa, moral, mediática, o en el caso que nos afecta, una “autoridad académica”.Una “Autoridad Académica”, conformada por unos presuntos “expertos en arte”, que en este caso definen que cualquier basura que puedas encontrar dentro de ese edificio llamado “museo de arte contemporáneo”, puede llegar a ser interpretada como “arte”.Y lo peor es que esa definición ya no tiene porqué circunscribirse al espacio de un museo.Si por la razón que sea, esa misma autoridad te indica en un momento determinado que un objeto o actividad cualquiera, situada en un entorno no museístico, también es “arte”, automáticamente deberás interpretar al objeto o actividad en cuestión como “obra de arte” o “actividad artística”.Por ejemplo, supongamos que un día vas por la calle y te cruzas con un grupo de imbéciles semidesnudos pintados de blanco, gestualizando teatralmente como gilipollas alrededor de un inodoro situado enmedio de la acera; si existe una “autoridad académica” que decida certificar aquello como “acción artística”, el conjunto de memeces que esos idiotas realicen, recibirá el calificativo de “performance” y automáticamente será considerada “actividad artística”.Y lo será aunque los tipos en cuestión sean unos descerebrados con el mismo talento artístico que una ardilla.Sin embargo, si tú decides hace algo similar enmedio de la calle, sin el respaldo de una autoridad académica que te respalde mediante la definición correspondiente, probablemente serás considerado un loco o un payaso; aunque lo más posible es que tengas la suerte de que la gente que pase a tu alrededor piense: “mira, debe ser alguna actividad artística o teatral promovida por el ayuntamiento, como las estatuas humanas o los músicos del metro…vamos a tirarle una moneda”.En defintiva, el suceso de las gafas en el museo de San Francisco, no es algo tan anecdótico como puede parecer a primera vista.Nos indica que estamos en un estado concreto en nuestra evolución psico-social.Nos señala que nuestro criterio individual ha quedado completamente subyugado a una autoridad oficial externa, que es la que define todo aquello que debemos sentir o pensar a cada momento, sin que tan solo lleguemos a poner en duda si ello tiene o no tiene sentido.El arte, ya no es arte porque nos conmueva, por que nos invite a la reflexión o porque nos diga algo como individuos.Es arte porque nos dicen que lo es y porque nos dicen dónde se puede considerar como tal.Un montón de harapos tirados en la acera, son “basura” y el que los ha tirado ahí es un “guarro”. En cambio, si los mismos harapos están tirados en la sala de un museo, son “arte” y el que los ha puesto ahí, es un “artista” super reflexivo.Se nos ha negado pues toda posibilidad de definición de nuestro entorno y de nuestro mundo a nivel individual.Y si vamos más allá, veremos que este mecanismo de rendición ante la autoridad oficial, es extrapolable a casi todas nuestras actividades sociales y que lleva ahí desde hace mucho tiempo.De la misma forma que obedecemos a una “autoridad oficial” que nos indica que todo lo que encontremos dentro de un museo de arte contemporáneo es susceptible de ser considerado arte por el simple hecho de estar ahí, durante siglos ha existido un mecanismo análogo que ha llevado a las personas a creer que todo lo que dijera un sacerdote era moralmente bueno y tenía que ver con un ser superior llamado “Dios”.El mismo tipo de mecanismo psicológico de sumisión que lleva a un grupo de personas a creer que unas gafas en el suelo pueden ser “arte”, es el que nos lleva a creer que aquello que nos diga un hombre uniformado debe ser obedecido porqué es “ley”, sin que nadie tenga derecho a ponerlo en duda; es el mismo tipo de mecanismo que nos dice que lo que haga la mayoría debe ser imitado porque es “moda” o “tendencia”; y es el mismo tipo de mecanismo que nos lleva a creer sumisamente que todo lo que nos diga un tipo con bata blanca y un diploma en la pared, ha de ser cierto e indiscutible por fuerza, porque nos han inculcado que él sabe cosas que nosotros no podemos entender y que jamás actuará movido por la ambición, el interés o el dinero, sino dirigido por la mano invisible de un ente maravilloso de fantasía, infalible e incorruptible, llamado “ciencia”.El mecanismo básico de obediencia y anulación del criterio propio es muy similar en todos estos casos.Simplemente, adquiere diversas formas.Así que, quizás sí, al final va a resultar que esas gafas en el suelo en el museo de arte de San Francisco, nos decían mucho más de lo que creíamos inicialmente.Quizás esas gafas no se limitaban a llamar “estúpidos” a todos los que pululaban por la galería, sino que estaban chillando un atronador “estúpidos” dirigido a todos los rincones de la sociedad y del planeta.El problema es que con tanto ruido, poca gente ha logrado escuchar el mensaje…GAZZETTA DEL APOCALIPSIS
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miércoles, 1 de junio de 2016
EL DÍA QUE LA ESTUPIDEZ SE TORNÓ ARTE
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martes, 22 de diciembre de 2015
LA POLICIA EN EEUU CADA VEZ MÁS LOCA…AHORA TAMBIÉN MATAN GATOS “POR BUFAR”
Parece que la policía norteamericana está completamente fuera de control. Todos hemos oído hablar de sus numerosos asesinatos injustificados en plena calle, generalmente a jóvenes afroamericanos.
Pero el nivel de demencia de los policías norteamericanos ha llegado a tal punto, que son capaces de matar a tiros a cualquier bicho viviente.
Es el caso de un gato llamado Sugar, que tras escaparse de casa y pasearse por el barrio, fue asesinado a tiros por un policía de North Catasauqua. Y sí, estamos hablando de un gato doméstico, no de un tigre.
Cuando el gato escapó, un vecino cinco casas más abajo lo encontró en su patio trasero y decidió llamar a la policía al verse incapaz de capturarlo (llamar a la policia por un gato, también es motivo de examen psiquiátrico).
El hecho es que cuando el policia apareció, salió al patio trasero, el gato le bufó y directamente le disparó. Posteriormente, el policia ordenó al dueño que limpiara el desaguisado.
Según el hombre, el agente en ningún momento intentó atrapar al gato, poniéndose unos guantes protectores o algo por estilo, como sería de esperar.
A esto es a lo que ha llegado la sociedad norteamericana tras décadas de glorificar a la policia a través de innumerables y vomitivas películas y series de TV.
El resultado: ahora los policias norteamericanos se creen que son seres superiores al resto y que pueden matar indiscriminadamente a quien sea y como les dé la gana.
Sean personas o animales. Últimamente, parece que se han aficionado a matar a perros domésticos, en plena calle o al entrar en las casas, como vemos en algunas fotos de ejemplo…
Una cosa está clara: los policías norteamericanos deben ser la especie de hombres más cobardes, asustadizos y miserables de este planeta, si se sienten amenazados por un simple gato que bufa…
domingo, 11 de octubre de 2015
La deliberada estupidización de America a través de la educación: Charlotte Iserbyt, ex asesora de Reagan
Charlotte Iserbyt, hija y nieta de miembros de la logia satánica de la universidad de Yale, Skull and Bones, fue funcionaria de alto rango hasta que se convirtió en asesora de educación del presidente Reagan. Gracias a ello escribió la fundamental obra “La deliberada estupidización de América”.
Sus entrevistas y vídeos son la mejor fuente de cómo el sistema educativo se concibió desde el año 73 para destruir al individuo con ese dogma tan “new age” de que destacar es cuestión de “ego” y con un cambio de valores que se resume en el argumento (también tan “new age”) de que juzgar lo que está bien y lo que está mal es, también cuestión de “ego”. Las mismas nociones que la llamada “Ley de Jante” que hizo que los nórdicos (educados en la socialdemocracia) se convirtieran en anodinos, sumisos y mediocres: individuos-masa.
No hay mucho en español traducido, pero he encontrado estos dos vídeos que hay que ver, sí o sí. Aquel que entienda inglés, que profundice con los vídeos que le hizo Prison Planet hace años y que deberían ser traducidos.
domingo, 27 de septiembre de 2015
Qué es un meme y por qué tu trabajo puede depender de él (1era parte)
Memecracia es el sistema en el que vivimos inmersos. Un mundo en el que internet ha multiplicado la información, y los medios de comunicación tradicionales han fallado. Un lugar desconcertante en el que las ideas que logran captar la atención ciudadana y guiar su comportamiento no son las mejores, ni las más nobles, ni las más útiles, ni las más veraces; solo son las más contagiosas.
De los cinco millones de botellas de agua en envase de cristal que en junio de 2006 salieron de las fábricas de Solán de Cabras con destino a los bares, cafeterías y restaurantes españoles, dos millones jamás regresaron, en un caso de hurto colectivo y contagioso nunca visto. Los clientes se enamoraron de su bonito color azul y se la llevaron a casa metida en bolsos, escondida entre las camisas o directamente, pidiendo permiso para no retornar ese envase retornable.
Siete años después, a principios de 2013, el joven senegalés Dara Día pasaba en un mes de vender películas en el top manta alrededor del Mercado Central de Valencia, a dar conciertos en las discotecas locales. El vídeo musical que había grabado con un amigo sobre un chiste que estaba de moda en esos días en Internet, el "Ola k ase", había sido un éxito repentino.
Lo que tienen en común las historias del inocente robo masivo de las botellas de Solán y la súbita popularidad de Dara Día es que tras ellas existe un meme exitoso. Un meme es cualquier idea contagiosa, una idea que salta de mente en mente. Solemos relacionar el término con los fenómenos virales de internet, pero como pequeña unidad de la cultura humana, los memes son tan antiguos como nosotros mismos.
El término lo inventó el zoólogo Richard Dawkins en su libro de 1976 "El gen egoísta". "Al igual que los genes se propagan en un acervo génico al saltar de un cuerpo a otro mediante los espermatozoides o los óvulos, así los memes se propagan en el acervo de memes al saltar de un cerebro a otro", decía, y citaba como ejemplos "tonadas o sones, ideas, consignas, modas en cuanto a vestimenta, formas de fabricar vasijas o de construir arcos".
Son memes, pues, conceptos tan pegajosos como el estribillo de la lambada, la leyenda urbana del hombre que se despertó en la bañera de su hotel sin un riñón, el Cristo de Borja, los montajes del rey Juan Carlos y el elefante que cazó, el Gangnam Style, la idea "es mejor comprar que alquilar", la moda de llevar zapatillas deportivas con plataforma, las expresiones "hilillos de plastilina" y "fin de la cita" de Mariano Rajoy o el baile impúdico de Miley Cyrus en los VMA. Tras todos ellos existe un contagio imparable entre humanos.
Los memes solo se preocupan por extenderse y sobrevivir, así que no tienen por qué ser buenos, ni bellos, ni útiles, ni verdad. El gran problema -y la razón última por la que el término meme está ahora tan de moda- es que la llegada de internet ha multiplicado de forma exponencial el número de ideas y contagios a los que estamos expuestos. Solo hace falta comparar el volumen de información que recibe un adolescente hoy con el que consumían sus padres. Los medios de comunicación ya no pueden filtrar estar avalancha, así que el bombardeo de memes nocivos es más intenso que nunca antes en la historia.
Incluso los memes que solo son irrelevantes nos hacen daño. Cuando Miley Cyrus o el "fin de la cita" secuestran nuestra atención porque estamos demasiado saturados o desconcentrados como para discernir lo importante, estamos eligiendo una cortina de humo mental ante la información que sí es buena, bella, útil o verdad. Los medios de comunicación, en el centro del huracán, incapaces de asumir que han sido destronados como único filtro de la realidad, se han dejado seducir por la audiencia que irremediablemente atraen los memes, contaminando aún más un ecosistema informativo ya en crisis por otras razones.
A ese sistema, definido por los memes descontrolados, lo he llamado Memecracia en una obra recién publicada, "Memecracia, los Virales que nos Gobiernan", que examina en profundidad qué son los memes, cuáles sus mecanismos de contagio y qué peligros acechan tras ellos.
Comentario: Un soplo de aire fresco - que es de agradecer - nos llega a través de esta periodista, Delia Rodriguez, quien comenta sin tapujos la situación gravísima en la que se encuentran ciudadanos y adolescentes por no ejercer sus facultades reflexivas ante titulares o cualquier tipo de mensaje aparentemente inocuo, independientemente del medio de comunicación o redes sociales en cuestión. Por otro lado recalca cómo el periodismo ha cedido su papel de comunicador de noticias relevantes y veraces al verse confrontado con el impacto social impuesto por internet con su realidad virtual, tan efímera como superficial.
¡Gracias Delia Rodriguez, tus comentarios no tienen desperdicios!
Tras la llegada de internet, sectores como la política, la publicidad, la empresa, los medios o el activismo dependen de lograr una atención que nunca ha estado tan dividida ni tan distraída. De conocer su funcionamiento y saber aprovecharlo o resistirnos a él dependerá nuestro futuro, tanto si nuestro trabajo depende del contagio ideas como si, tan solo, intentamos concentrar nuestra mente dispersa en aquello que de verdad nos interesa.
Comentario: Ha nacido un nuevo término que hace honor al estado mental y escasa capacidad de discernimiento que padecemos la mayoría, debido en gran parte al flujo desbordante de informaciones subjetivas que nos está llegando a mil por hora mediante las últimas tecnologías, internet, y redes sociales. Bienvenida a la acuñación MEMECRACIA, pues la palabra describe acertadamente el fenómeno en sí: meme, cualquier moda, costumbre, etc. que se expande a la velocidad de un virus y, del griego cracia, que significa autoridad, gobierno. El resto es cuestión de imaginación... pero quedarse totalmente ajenos a sus implicaciones nos echa en la boca del cocodrilo y, como no, de personajes que han estudiado los memes a fondo para ganarse los favores en las urnas, ¡ay, ay!
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domingo, 19 de julio de 2015
Santos y los eufemismos para ocultar un Proceso de Paz fallido
El 4 de septiembre de 2012, el presidente de la República de Colombia, Juan Manuel Santos, anunciaba públicamente que el gobierno había tomado la decisión de empezar la negociación del proceso de paz con el grupo guerrillero de las FARC.
Ese día, el presidente Santos prometía a los Colombianos que el proceso de Paz tendría 3 límites:
1- Se iba a aprender de errores del pasado (tratando de evitar repetir los errores del infausto Proceso de Paz de finales de los 90 del Presidente Pastrana con las FARC).
2- Lograr la fin del conflicto y no su prolongación (Santos prometió que el proceso de paz iba a durar meses y no años en referencia también al proceso de paz de Pastrana).
3- NO se cedería ni un sólo milímetro del territorio nacional (por eso el grueso de las negociaciones se realizarían en el apacible santuario de la Habana, Cuba).
Hoy, casi tres años después de iniciado oficialmente el proceso de paz con las FARC, y con unas ajustadas elecciones presidenciales de por medio en las que Santos fue reelegido con la promesa de tener al alcance de la mano una paz definitiva con las FARC. Lo único que sabemos, a ciencia cierta, es que nadie sabe realmente cómo de próxima esta esa paz definitiva.
Por el camino, más de lo mismo, sólo que ahora disfrazado con palabras llenas eufemismos que intentan ocultar la realidad. Las FARC, tres años después, siguen siendo un grupo terrorista atroz, que llena el territorio colombiano de muerte, destrucción y crimen, con la diferencia de que hora sus líderes, llevan tres años, discutiendo de los humano y los divino con el gobierno colombiano en la Habana, entre mojito y mojito.
Mientras las conversaciones se paz se eternizan, las FARC siguen controlando amplios territorios de Colombia, siguen generando divisas actuando cómo señores de la droga, siguen matando y asesinando con impunidad y siguen volando oleoductos, causando catástrofes medioambientales y dejando poblaciones incomunicadas al destruir sus principales vías de comunicación.
La diferencia, con antes, es que el ejército colombiano ya no persigue con el mismo ahínco a las FARC porque el gobierno está desescalando el conflicto, mientras los asesinatos de militares, policías y civiles por parte de las FARC se siguen amontonado, haya cese unilateral de las armas por parte del grupo terrorista o no.
A los secuestros ya no se les llama secuestros, sino retenciones tácticas y muy pronto se les llamará vacaciones exploratorias para conocer la magnífica flora y fauna de los bosques y selvas colombianos.
Y a los terroristas ya no se los puede llamar terroristas, sino señores de las FARC, porque sus simpáticos líderes ya no están en la selva matando sino en la Habana conversando.
El diálogo durará meses, no años. Prometió el presidente Santos el 4 de septiembre de 2014.
Hoy su proceso de paz lleva ya 1.041 días, casi tres años y nadie sabe cuando acabará. Elinfausto proceso de paz de Pastrana con las FARC duró 775 días, antes de que el presidente colombiano se diera cuenta que las FARC lo estaban tomando por tonto y no tenían ninguna voluntad verdadera de negociar una paz. Pastrana, tardó en darse cuenta pero Santos va camino de batir todos los records del ridículo internacional.
Desde que se inició el proceso de paz, hasta que llegaron las últimas elecciones presidenciales en Colombia, en ese tiempo, de negociación, las FARC presumían en su página web de haber matado a 1.910 policías y soldados colombianos. Después de las elecciones, tuvieron el detalle, de no ir presumiendo públicamente de los muertos que seguían poniendo sobre la mesa en su denominados partes de guerra.
Del creador de “El Paro Agrario No Existe”, “El Proceso De Paz Es Una Cuestión De Meses ( ya van casi más de 3 años)“ y de la exitosa “La Mermelada Tenía Un Precio(subo el salario mínimo en 22 mil pesos y el de los congresistas en 7 millones)“.
Ahora, os presentamos a Juan Manuel Santos, el exitoso creador de La Paz no tiene precio.
¿Os podéis imaginar que pasaría en España si el Gobierno Español abre negociaciones de paz con el grupo terrorista ETA y en estas negociaciones la banda va dejando 1.910 muertos sobre la mesa?
¿A alguien se le ocurriría seguir negociando con un grupo terrorista que mientas negocias utiliza niños bomba de entre 13 y 14 años para realizar un atentato en el que estos murieron e hirieron a 8 policías?
¿A alguien se le ocurriría seguir negociando mientras secuestran a dos policías y se los tortura y mata a golpes?
¿Alguien le daría credibilidad a un grupo terrorista que acaba de decretar una tregua de8 días durante las elecciones presidenciales e de inmediato intenta volar una torre de electricidad?
¿Se puede negociar una paz con un grupo terrorista que mata a dos niños al atacar un puesto de policía?
¿Podéis entender que un gobierno abra oficial y públicamente negociaciones con una banda terrorista sin tener un compromiso efectivo de cese unilateral del fuego por parte de los terroristas?
¿Quién es el vencido en este proceso de paz? ¿Colombia o las FARC?
Si Santos sigue negociando en estas condiciones claramente el vencido y humillado será Colombia y su gente. Las FARC con sus líderes cómodamente instalados en la Habana tienen todo el tiempo del mundo a su favor y ese es el peor error que puedes cometer en una negociación.
Fuente: gurusblog
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miércoles, 29 de abril de 2015
Atentos!: Las leyes fundamentales de la estupidez humana

Pensamos todo el día en extraños complots y contubernios para explicar nuestra condición vital, cuando la más simple suele ser la más acertada. A pesar de que estos se dan y se materializan en el Sistema es preciso observar nuestros propios errores, los de los que nos rodean y aprender. ¿Dejaremos de ser estúpidos en algún momento o solo retrasaremos su aparición? ¿Será un rasgo que aflora cíclicamente o una condición humana? Sirva el artículo como autocrítica y mea culpa.
(basado en el libro de Carlo M. Cipolla (1988), Allegro ma non troppo )
Primera Ley Fundamental de subestimación del número: Siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación
A primera vista esta afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poco generosa, o quizá las tres cosas a la vez. Sin embargo, un examen más atento revela de lleno la rotunda veracidad de esta afirmación. Cipolla considera que por muy alta que sea la estimación cuantitativa que se haga de la estupidez humana, siempre quedaremos sorprendidos de forma repetida y recurrente por el hecho de que:
- personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado resultan ser inequívocamente estúpidas;
- día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos.
La Primera Ley Fundamental impide la atribución de un valor numérico a la fracción de personas estúpidas respecto del total de la población. Cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación. Por ello en las líneas que siguen se designará la proporción de personas estúpidas en el seno de una población con el símbolo σ.
Segunda Ley Fundamental de rasgo independiente: La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona.
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| Estúpidos aparentemente normales |
No todos los humanos son iguales ya que unos son más estúpidos que otros. Según Cipolla, el grado de estupidez viene determinado genéticamente por la naturaleza pero no está asociado a ninguna otra característica de raza, sexo, nacionalidad o profesión.
El profesor Cipolla realizó amplios estudios demográficos con muy diversos sectores de la población. Inicialmente afirma haber comprobado que entre los trabajadores "de cuello azul" existía una fracción σ de estúpidos y que esa fracción era mayor de lo que esperaba, con lo que se confirmaba la primera Ley. Sospechando que podía deberse a falta de cultura o a marginalidad social estudió muestras de trabajadores "de cuello blanco" y a estudiantes, comprobando que entre ellos se mantenía la misma proporción. Más sorprendido aún quedó al medir el mismo parámetro entre los profesores de universidad. Decidió por tanto expandir sus estudios hasta la élite de la sociedad, los laureados con el Premio Nobel. El resultado confirmó el poder supremo de la naturaleza: una proporción σ de laureados con el Nobel son estúpidos.
Tercera Ley Fundamental (o de Oro): una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas.
El análisis de costes y beneficios de Carlo M. Cipolla permite clasificar a los seres humanos en cuatro tipos de personas, cada uno de los cuales ocupa un cuadrante en un sistema de coordenadas. Si representamos en el eje de abcisas el beneficio, positivo o negativo, que obtiene el individuo y en el eje de ordenadas el beneficio (+) o coste (-) que causa a los demás, podemos definir y estimar las coordenadas de los siguientes tipos:
- Inteligente (I): aquel que se beneficia a sí mismo, beneficiando a los demás.
- Bandido (B): aquel que obtiene beneficios para sí mismo, perjudicando a los demás.
- Estúpido (E): aquel que causa pérdidas a otros, perjudicándose a la vez a sí mismo.
Distribución de Frecuencia
La mayoría de los individuos no actúa consistentemente. Bajo ciertas circunstancias una persona puede actuar inteligentemente y en otras actuar como desgraciado. La única importante excepción a esta regla es la de las personas estúpidas que normalmente muestran una fuerte tendencia hacia un comportamiento estúpido en cualquier actividad o empresa. Para los demás, podremos calcular su posición en el eje de coordenadas del gráfico 1 como una media de los resultados de sus acciones en términos de costes y beneficios causados sobre sí mismos y sobre los demás.
Esta posibilidad nos permite hacer la siguiente digresión:
Consideraremos un "bandido perfecto" aquel que mediante sus acciones obtiene para sí mismo un beneficio igual al coste que origina en los demás. Es el caso del ladrón que roba a otro cien euros sin causarle ningún coste adicional. Esta situación puede ser definida como un "juego de suma cero" en el que el conjunto de la sociedad ni gana ni pierde. El "bandido perfecto" quedaría representado en el eje de coordenadas del gráfico 2 sobre la línea OM que bisecta el cuadrante B.
Sin embargo los bandidos perfectos son relativamente escasos. Es más frecuente que haya bandidos inteligentes (Bi) que obtienen más beneficios que los costes que causan, o bandidos estúpidos (Be), que para obtener algún beneficio causan un coste alto a los demás. Desgraciadamente los bandidos que permanecen por encima de la línea OM son relativamente poco numerosos. Es mucho más frecuente el individuo Be. Ejemplo de este último puede ser el ladrón que destroza los cristales de un coche para robar su radio o el que asesina a alguien para irse con su mujer a pasar un fin de semana en Montecarlo.
El poder de la estupidez
Los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido.
Una persona inteligente puede entender la lógica de un bandido. Las acciones de un bandido siguen un modelo de racionalidad. El bandido quiere obtener beneficios. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener beneficios para sí procurando también beneficios a los demás, deberá obtener su beneficio causando pérdidas a su prójimo. Ciertamente, esto no es justo, pero es racional, y siendo racional, puede preverse. En definitiva, las relaciones con un bandido son posibles puesto que sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones pueden preverse y, en la mayoría de los casos, se puede preparar la oportuna defensa.
Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida nos perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo racional de prever si, cuando, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.
Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, es lógico pensar que tienen todas las de ganar porque:
- generalmente el ataque nos coge por sorpresa.
- incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo de estructura racional.
El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque. Y hay que tener en cuenta también otra circunstancia: la persona inteligente sabe que es inteligente; el bandido es consciente de que es un bandido y el desgraciado incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Pero al contrario que todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido y esto contribuye en gran medida a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su poder devastador.
No hay que asombrarse de que las personas desgraciadas e incautas, es decir, las que en los gráficos 1 y 2 se sitúan en el cuadrante D, no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas. El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión. Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni los bandidos consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez. Es extremadamente difícil explicar por qué sucede esto. Se puede tan sólo formular la hipótesis de que, a menudo, tanto los inteligentes como los bandidos, cuando son abordados por individuos estúpidos, cometen el error de abandonarse a sentimientos de autocomplacencia y desprecio en lugar de preparar la defensa y segregar inmediatamente cantidades ingentes de adrenalina ante tamaña situación de peligro.
Cuarta Ley Fundamental subestimación del daño: Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas.
Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como costosísimo error.
Uno de los errores más comunes es llegar a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto no es más que confundir la estupidez por la candidez de los desgraciados.
A veces hasta se puede caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto de utilizarlo en provecho propio. Tal maniobra no puede tener más que efectos desastrosos porque:
- está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez y da a la persona estúpida la oportunidad de desarrollar sus capacidades aún más allá de lo originalmente supuesto.
- Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga, pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones y muy pronto uno se verá arruinado y destruido sin remedio.
A lo largo de los siglos, en la vida pública y privada, innumerables personas no han tenido en cuenta la Cuarta Ley Fundamental y esto ha ocasionado pérdidas incalculables.
Macroanálisis y Quinta Ley Fundamental: La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.
Las consideraciones finales de la Ley cuarta nos conducen a un análisis de tipo "macro", según el cual, en lugar del bienestar individual, se toma en consideración el bienestar de la sociedad, definido, en este contexto, como la suma algebraica de las condiciones del bienestar individual. Es esencial para efectuar este análisis una completa comprensión de la Quinta Ley Fundamental. No obstante, es preciso añadir que de las cinco leyes fundamentales, la Quinta es, de largo, las más conocida.
El corolario de la ley dice así:El estúpido es más peligroso que el bandido.
La formulación de la ley y el corolario son aún del tipo "micro". Sin embargo, tal como hemos anunciado anteriormente, la ley y su corolario tienen profundas implicaciones de naturaleza "macro". Si todos los miembros de una sociedad fuesen bandidos perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada pero no se producirían grandes desastres. Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar. Pero cuando los estúpidos entran en acción las cosas cambian completamente. La personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas y, por consiguiente, la sociedad entera se empobrece.
El gráfico 3 muestra un sistema de clasificación simple entre las acciones que causan beneficio o perjuicio a la sociedad como un todo. Toda actividad representable a la derecha de la línea NOM implica una redistribución con beneficio social neto, mientras que las actividades que caen a la izquierda o debajo de dicha línea implican pérdidas sociales netas.
El profesor Carlo M. Cipolla, erudito historiador que ha investigado intensamente la sociedad clásica romana, la sociedad medieval y muchas otras de la antigüedad, está perfectamente cualificado para afirmar, como hace, que el coeficiente σ es una constante histórica. ¿Por qué entonces unas sociedades prosperan y otras entran en decadencia? Depende exclusivamente de la capacidad de los individuos inteligentes para mantener a raya a los estúpidos.
Más aún: en las sociedades en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual a σ; sin embargo, en el resto de la población Cipolla observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de bandidos con un elevado porcentaje de estupidez. Y entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los desgraciados incautos. Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos es el que refuerza inevitablemente el poder destructivo de la fracción σ y conduce al país a la ruina.
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