Mostrando entradas con la etiqueta Moneda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Moneda. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de junio de 2016

EL FUTURO ES AHORA !!!


Hola, si muchos inversores supieran lo que vale su apuesta sencillamente saltarían por la ventana !!!

Mientras los inversores que sabemos como terminara esta fiesta somos victimas de todas las manipulaciones que existen, para sacarnos fuera del mercado, el tiempo corre a nuestro favor.

Y si !!! el tiempo se acaba, la verdad se impacienta y la mentira desespera !!!


Y Janet Yellen, descubrirá sus cartas...


Claro esta !!! si no subimos los tipos y acto seguido evaporamos miles de millones de dólares en valoraciones que son una estafa, el dólar nos revienta en la cara.

Y el oro que es el activo mas inteligente ya se lo huele...


Por cierto... el nuevo mundo que nos espera a la vuelta de la esquina sera cuanto menos curioso...


Estáis preparados para dar el gran salto ???



                    

Fuente: http://thegreedisgood.blogspot.com.es/                   

martes, 22 de marzo de 2016

La verdad del Dólar y la Reserva Federal de los Estados Unidos. | Zona d...

lunes, 22 de febrero de 2016

Cuando la moneda nos da pistas sobre el colapso del imperio romano


lunes, 7 de diciembre de 2015

¿Dolarización?


Los costos sociales, económicos y políticos podrían ser muy altos si nos confiamos exclusivamente en el piloto automático de la dolarización


Humberto García Larralde / Soberania.org


Entenderemos como dolarización, a los fines de los siguientes comentarios, el remplazo del bolívar por el dólar en las transacciones domésticas de la economía. Para algunos opinadores sería la forma de salir del actual desorden macroeconómico que ha destruido la actividad productiva y nos ha empobrecido tanto. Argumentan que la eliminación de la moneda evitaría manejos cambiarios que impactan sobre los precios y sobre las expectativas de inversionistas y ahorristas, amén de que no habrían ataques contra el bolívar que agotarían las reservas internacionales; se erradicaría la política monetaria y, por ende, la expansión discrecional de los agregados monetarios; obligaría al fisco al equilibrio intertemporal de su gestión al no existir el financiamiento monetario; forzaría la alineación de las estructuras de costo domésticas con las del mercado internacional; y llevaría a que la remuneración salarial convergiera con el valor de la productividad laboral. Todo ello redundaría en que la inflación doméstica bajara drásticamente hasta equipararse con la de nuestros principales socios comerciales. Impondría la necesaria disciplina a los agentes económicos para que, en un ambiente sin controles, se promoviera la inversión productiva y el desarrollo de la competitividad.


No obstante, más allá del atractivo de estos argumentos, debe considerarse lo siguiente: 
¿A partir de cuál tasa de cambio se “dolarizaría” la economía? El problema es que ahorita no hay dólares. La relación entre las reservas internacionales y la liquidez monetaria en poder del público da un tipo de cambio, para principios de noviembre, de 237 Bs/$. Esta tasa es muy superior a lo que se derivaría de la Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) entre ambas monedas. Por tanto, empobrecería a todo aquel que percibe un salario en bolívares cercano al valor de su productividad[1]. De querer mejorar la relación, habría que contratar cuantiosos préstamos en dólares para respaldar la conversión a tasas menores (Bs/$). Con los elevados montos de deuda externa actuales y el elevadísimo riesgo-país, ello es prácticamente inviable. Es importante tener esto en cuenta, pues sospecho que, para muchos, existe la “ilusión monetaria” de pensar que, al percibir nuestras remuneraciones en una moneda fuerte como el dólar, éstas serían automáticamente mayores, cuando bien podría ocurrir lo contrario. 
Luego está la dinámica monetaria. Al eliminarse la potestad del BCV de crear base monetaria, ésta habrá de depender de los saldos de la balanza de pagos. Saldos favorables expandirían la base, déficits la contraerían. Esto anula por completo la política monetaria como instrumento de estabilización económica o de fomento a la inversión y/o el consumo. En el caso de privar una contracción monetaria, las tasas de interés se elevarían, encareciendo los costos del dinero. Ello tendría efectos negativos sobre la inversión productiva y los balances de los bancos. 
Lo anterior es tanto más preocupante por la excesiva dependencia de un solo producto de exportación –el petróleo- para los ingresos externos de Venezuela. La volatilidad en los precios del mercado internacional del crudo se transmitiría directamente a la actividad económica interna, a veces con efectos expansivos que pudieran verse favorablemente, pero en otras oportunidades deprimiendo la economía. En una economía diversificada, la volatilidad en los proventos de la exportación de un producto en particular serían compensados por el comportamiento de los otros productos en el mercado internacional. Pero no es nuestro caso. 
Estos efectos, más los flujos financieros hacia el país, también serían afectados por la política monetaria de EE.UU. –el emisor monetario. El “quantitative easing” de los últimos años abarata el financiamiento externo y tendría efectos expansivos en la economía, pero una política contraria –que subieran las tasas de interés en EE.UU.– estimularía la salida de capitales desde Venezuela, obligando a subir las tasas domésticas, con efectos contractivos sobre nuestra actividad económica. 
Al no poder apelar al ajuste cambiario como colchón ante shocks externos negativos -como la caída en los precios del crudo-, el equilibrio de las cuentas externas tendría que ocurrir vía depresión de los salarios, sobre todo si la caída en los ingresos petroleros es sostenida -como es la expectativa actual-, ya que el financiamiento externo para compensar los saldos adversos en la cuenta corriente tiende a “secarse” si el sector exportador permanece deprimido. Sólo con una creciente diversificación de la oferta exportable -que habrá de tomar algún tiempo-, se podrá neutralizar este efecto. En el caso del Ecuador, la fuente “compensatoria” de ingresos ante la caída en los precios del crudo han sido las remesas de ecuatorianos en el extranjero. 
Una senda de crecimiento estable y sostenida en el tiempo dependería, entre otras cosas, de que la productividad de nuestra economía aumentase a la par con la de nuestros principales socios comerciales, a la vez que nuestra tasa de inflación no podría superar a la de ellos. De no cumplir con estas condiciones y sabiendo que recurrir al financiamiento externo tiene sus límites, la variable de ajuste ante los desequilibrios externos serían –nuevamente- los salarios. 
La mayor vulnerabilidad de la economía doméstica ante el comportamiento de variables no sujetas a nuestro control –precios del petróleo, tasas de interés en EE.UU.- obligaría a acumular reservas internacionales como colchón, todavía mayores que bajo las condiciones actuales. Esto tiene un costo en recursos inmovilizados y/o de bajo rendimiento. 


Para los defensores de la dolarización todos estos efectos obligarían a que los agentes económicos domésticos “entraran en cintura”, es decir, se “disciplinarían”. Con ello, nos convertiríamos en una economía responsable y seria. Pero la competitividad no viene simplemente por añadidura, pues el dominio tecnológico, la capacidad de innovar, la mayor destreza y competencia de nuestros trabajadores, la reducción de los costos transaccionales, el aprovechamiento de las economías de escala y otras consideraciones de naturaleza estructural, no ocurrirán de la noche a la mañana.


Los costos sociales, económicos y políticos podrían ser muy altos si nos confiamos exclusivamente en el piloto automático de la dolarización para enderezar nuestros entuertos: mayor desempleo, caída de salarios y de la inversión, y con una menor capacidad de respuesta local por carecer de la variable cambiaria como factor de ajuste. En lo personal, prefiero un proceso bien diseñado, con financiamiento externo, que nos permita salir del berenjenal actual pero contando con nuestra propia moneda. Es lo que han logrado –salvo Argentina (Ecuador se dolarizó)- nuestros vecinos suramericanos. ¿Por qué nosotros no?

jueves, 24 de septiembre de 2015

Real Brasileño vs. crisis Divisas Asiáticas en 1997-1998



Hay cierto recelo a comparar la evolución del real brasileño frente a las divisas asiáticas durante la Crisis de 1997-1998. Veamos una comparativa rápida:


En la crisis de asiática, todo se desencadenó el 2 de julio de 1997, cuando Tailandia devaluó su divisa, el Baht, y el resto de países asiáticos, hicieron lo propio con su divisa para evitar verse perjudicados por la pérdida de competitividad comparativa que suponía la devaluación del Baht.


En el gráfico se puede ser el número de semanas que tardaron las divisas de Tailandia, Malaysia e Indonesia en alcanzar sus mínimos y cuál fue la pérdida de valor de cada divisa.




Así pues, el Ringitt de Malaysia tardó 27 semanas en llegar al mínimo y perdió un 46% de su valor, el Baht Tailandés tardó 32 semanas y perdió un 54,2% y la Rupia Indonesia tardó 30 semanas en alcanzar el mínimo, llegando a perder el 84% de su valor.


Si en este gráfico, incluimos la evolución del Real Brasileiro desde la semana del 19 de enero de 2015, el gráfico queda de la siguiente manera:




Como veis, el Real Brasileño en 36 semanas, ya ha perdido el 36,2% de su valor. La pérdida de valor no es tan acelerada como en la Crisis Asiática, pero ¿será más aguda?