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viernes, 10 de junio de 2016

Error de Washington y de Moscú

Washington y Moscú están colaborando para desarrollar la fuerza militar de los kurdos en Siria, supuestamente contra el Emirato Islámico, en realidad contra el presidente turco Erdogan, de quien los dos Grandes esperan deshacerse. Pero el aprendiz de dictador de Ankara se prepara para patear la mesa. Ya comenzó a modificar la población en la frontera siria para atrapar a los kurdos en una tenaza. Y también se dispone a utilizar su agente kurdo sirio, Salih Muslim –ahora armado por Estados Unidos y Rusia– para crear un seudo Kurdistán en Siria y expulsar hacia allí a los kurdos de Turquía.

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Estados Unidos y Rusia se pusieron de acuerdo, en diciembre de 2015, para provocar la caída del presidente turco Erdogan.
Lo que ha provocado la cólera de los rusos es el apoyo que los amigos de Erdogan –las fundaciones IHH e Imkander– han prestado a los yihadistas del Cáucaso desde 1995 hasta finales de los años 2000 y, en este momento, el respaldo del propio Erdogan al Emirato Islámico (Daesh), así como el derribo premeditado de un avión de guerra ruso en Siria en noviembre de 2015. Consciente de que los imperios turco-mongoles fueron históricamente enemigos de Rusia, a Moscú no le preocupa el futuro de Turquía sino solamente provocar a cualquier precio la caída de Erdogan.
Los estadounidenses establecen, por su parte, una diferencia entre Turquía, país aliado y miembro de la OTAN, y el presidente Erdogan, un autócrata que se deja llevar por la manía de grandeza y que pisotea los ideales que Occidente dice defender. Para Estados Unidos el derrocamiento de Erdogan es una necesidad, simultáneamente para poder seguir presentando la OTAN como defensora de las democracias y porque nadie debe poder darse el lujo de desafiar a Washington sin ser castigado. La CIA ya le hizo perder las elecciones de junio fabricando el partido conocido como HDP, pero luego no pudo evitar que el poder turco “arreglara” las elecciones de septiembre.
Barack Obama y Vladimir Putin se han puesto de acuerdo para respaldar a los kurdos sirios contra el Emirato Islámico, pensando que estos pueden acabar representando una fuerza militar capaz de obstaculizar los planes del aprendiz de dictador de Ankara. De hecho, Recep Tayyip Erdogan condenó de manera vehemente el respaldo del Pentágono al YPG [organización armada de los kurdos de Siria] y los viajes a Siria del jefe estadounidense de la coalición contra el Emirato Islámico, Brett McGurk, y del general estadounidense Joseph Votel, jefe del CentCom. Los servicios secretos turcos (MIT) incluso incrementaron su ayuda al Emirato Islámico para ponerlo en condiciones de resistir la ofensiva.
Parece, sin embargo, que la Casa Blanca y el Kremlin se equivocan de adversario. Lejos de ver un peligro en el desarrollo del YPG, el presidente turco Erdogan ha integrado esa organización armada de los kurdos a su propia estrategia.
Estadounidenses y rusos creen, erróneamente, que los kurdos de Siria son un grupo homogéneo. En realidad, el YPG es la rama armada del PYD [partido de los kurdos de Siria] que cuenta con 2 copresidentes: una mujer, Asya Abdullah, y un hombre, Salih Muslim. La primera es fiel a los principios de Abdullah Ocalan, el fundador del PKK [partido de los kurdos de Turquía], y su objetivo es la creación de un Kurdistán en suelo turco. El segundo, Salih Muslin, es un traidor que negoció un acuerdo con los presidentes de Francia, Francois Hollande, y de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, durante una reunión secreta realizada el 31 de octubre de 2014 en la sede de la presidencia de la República Francesa.
En ese contexto, Erdogan espera utilizar a su favor la trampa que le tienden estadounidenses y rusos. Siguiendo las instrucciones del presidente turco, la policía y el ejército de Turquía realizan actualmente operaciones armadas contra los kurdos del PKK. Esas fuerzas represivas ya han destruido varias localidades pobladas por los kurdos y aterrorizado a la población de otras, obligándola a huir. Durante las últimas semanas esta campaña de terror ha provocado el desplazamiento masivo de kurdos de Turquía desde varias localidades turcas vecinas de la frontera siria. Y de inmediato, la presidencia de Turquía ofreció los alojamientos así desocupados a refugiados sunnitas sirios, estimando que estos últimos son favorables a los yihadistas. Se inicia así una modificación de la población a lo largo de la frontera turco-siria.
Para entender lo que el presidente Erdogan está tratando de hacer hay que recordar que, a finales del siglo XIX, el sultán Abdulhamid II –quien también aspiraba a homogeneizar la población turca– estimuló a los kurdos a expulsar a los cristianos, e incluso a masacrarlos. Aquel plan continuó y incluso se amplió con los Jóvenes Turcos, que masacraron un millón y medio de griegos pónticos y armenios. La conclusión de ese programa exige que ahora se expulse de Turquía a los kurdos, para reemplazarlos finalmente por turcos o, a falta de turcos, por árabes sunnitas.
Y Francia se comprometió, en 2011, a aplicar ese programa junto con Turquía, limitando las masacres. Según el tratado secreto que firmaron los entonces ministros de Exteriores de Francia y Turquía, Alain Juppé y Ahmet Davutoglu, París y Ankara debían crear un nuevo Estado en territorio sirio para expulsar hacia allí a los kurdos del PKK.
Ese es el acuerdo que el presidente francés Francois Hollande se había comprometido a aplicar cuando organizó el encuentro Erdogan-Muslim en París. Y es ese mismo acuerdo lo que Washington y Moscú están aplicando, sin saberlo.

viernes, 11 de marzo de 2016

"Quemados vivos y decapitados": RT muestra el mortal rastro del Ejército turco por una ciudad kurda




Erdogan ha destruido nuestro mundo, nos ha quemado", cuenta una residente local de la ciudad turca de Cizre.
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En los últimos meses, el sudeste de Turquía se ha visto golpeado por una ola de violencia después de que el Gobierno lanzara una operación contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo). Uno de los epicentros de los enfrentamientos ha sido la ciudad de Cizre, en la provincia de Sirnak. 


En los medios de comunicación no han dejado de surgir impactantes reportes sobre la brutalidad de los ataques. Uno de los episodios más impresionantes fue la información sobre la supuesta muerte de 150 personas, calcinadas vivas en la ofensiva contra el PKK. El corresponsal de RT William Whiteman ha conseguido visitar Cizre para investigar estos sucesos.




" Antes era un edificio residencial. Aquí vivían mujeres y niños. Erdogan los mató a todos con artillería pesada. Destruyó este edificio. Dicen que combaten “el terrorismo”, pero, ¿dónde están los terroristas? Todas las víctimas fueron civiles. "




Allí ha grabado imágenes únicas de las consecuencias de los violentos enfrentamientos y ha conversado con los testigos. "Esto parece ser Alepo, parece ser Siria, pero estamos en Turquía. Es imposible imaginar que esto esté sucediendo", comenta William.


"Este es el edificio donde, según reportes, entre 100 y 150 personas fueron quemadas hasta la muerte", cuenta William en el presunto lugar de una masacre. "Se encontraban en el sótano cuando comenzó el fuego. Estaban refugiándose en el edificio", añade, explicando que no entrará porque el lugar no parecer ser estable.





"Erdogan ha destruido nuestro mundo"


"No le desearía esto a nadie. Erdogan ha destruido nuestro mundo, nos ha quemado. Mire aquí la sangre", comenta una mujer con la que se encontró el equipo de RT en la calle. A continuación, muestra una casa destruida tras otra, en muchas todavía quedan sábanas manchadas de sangre de los heridos.


"Antes era un edificio residencial. Aquí vivían mujeres y niños", muestra la mujer una casa destruida. "Erdogan los mató a todos con artillería pesada. Destruyó este edificio. Dicen que combaten 'el terrorismo', pero, ¿dónde están los terroristas? Todas las víctimas eran civiles", lamenta.


Aunque retiraron los cadáveres, el hedor de la muerte aún permanece en Cizre. Creemos que debajo de los escombros aún quedan cuerpos. "




Respondiendo a la pregunta sobre cuántas personas murieron en Cizre, la mujer dice "trescientas, cuatrocientas, quizás quinientas, incluidos mujeres y niños". "También había ancianos, algunos de los niños tenían tan solo 10 años. Mataron a una mujer en los últimos meses del embarazo", añade.


Las pruebas de lo duro que fue el combate se pueden ver no solo en los edificios destruidos, sino también en los restos de armas que se ven por todas partes.


Aunque retiraron los cadáveres, el hedor de la muerte aún permanece en Cizre, y es probable que queden varios cuerpos todavía debajo de los escombros. "Hay un olor fuerte aquí. Está claro que hay algo debajo de estos escombros, algo muerto", comenta William.




"Cuando entramos en este sótano encontramos cuerpos decapitados"


En el sótano de una casa RT descubre otro posible escenario de una masacre, donde los kurdos murieron en masa devorados por las llamas. Al responder a la pregunta de cuántas personas fallecieron en el sótano, un hombre responde "entre 45 y 50". "Los quemaron a todos. Cuando entramos en este sótano encontramos cuerpos decapitados", explica. "Presencié las autopsias, así que lo sé. Los decapitaron y quemaron", agrega.




Esto parece ser Alepo, parece ser Siria, pero estamos en Turquía


"Acabamos de hablar con las personas que ayudaron a recuperar los cuerpos. Se reporta que 45 murieron en las llamas en este sótano. Hay un olor muy fuerte ahí abajo", comenta William.


Al parecer, además de servir como refugio de la violencia, el sótano también se utilizó como un hospital improvisado para tratar a los heridos. Frascos de medicamentos carbonizados y tijeras quirúrgicas dan fe de esta versión.


"Incluso sin los relatos chocantes de los habitantes, no se puede negar el nivel extremo de la brutalidad y la destrucción durante el bloqueo de Cizre", concluye William. "Con los toques de queda en vigor a lo largo y ancho de la región, aún falta por conocer el costo humano de la renovada guerra de Turquía contra el separatismo kurdo. A juzgar por Cizre, este número puede ser impactante", añade. 


RT, que fue la primera organización mediática en tener acceso a la ciudad de Cizre, ha contactado con varias organizaciones en defensa de los derechos humanos incluidas Human Rights Watch, Médicos sin fronteras, Cruz Roja y Amnistía Internacional para conocer su reacción a este reportaje.




Centenares de kurdos muertos en Cizre


Unas 60 personas fueron asesinadas en el sótano de un edificio en Cizre a principios de febrero, matanza que los activistas locales calificaron de "castigo colectivo". La tragedia fue el resultado de una incursión militar que, según los medios estatales, tenía el objetivo de neutralizar a miembros del PKK. 
REUTERS/Sertac Kayar


El mismo mes se reportó la muerte de 150 personas que se habían quemado vivas durante una ofensiva contra el PKK. "En el distrito de Cizre de [la provincia de] Sirnak cerca de 150 personas han sido quemadas vivas en diferentes edificios por los militares turcos. Algunos cadáveres han sido encontrados sin cabeza. Algunos han sido calcinados por completo, de modo que no es posible practicarles la autopsia", afirmó el representante parlamentario del HDP Feleknas Uca.


La agencia Ruptly ha obtenido estremecedoras imágenes de los edificios semiderruidos o en ruinas de la ciudad de Cizre. 




Reanudación del conflicto


Tras el fracaso del alto el fuego, que duró dos años, en julio de 2015, el mayoritariamente kurdo sudeste de Turquía volvió a sumergirse en un conflicto armado entre el Ejército turco y los miembros del PKK, enlistado como una organización terrorista en Turquía. 


Desde mediados de diciembre de 2015, el Ejército turco intensificó su campaña contra el PKK de modo que, según las estimaciones, más de 600 personas ya han fallecido desde el inicio de la operación. "Vais a ser aniquilados en esas casas, esos edificios, esas zanjas que os habéis cavado", anunció el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. 
REUTERS/Sertac Kayar


En varias ciudades se estableció el toque de queda, durante el cual en barrios enteros se cortó el agua, la electricidad y el acceso a la comida. Muchas personas se vieron obligadas a abandonar sus casas para escapar de la violencia, denuncia Human Rights Watch. 


La Fundación de Derechos Humanos de Turquía ha denunciado que desde agosto, en las zonas donde está vigente el toque de queda han fallecido al menos 198 civiles, 39 de los cuales eran niños.
REUTERS/Sertac Kayar






https://actualidad.rt.com/actualidad/201764-rt-siria-turquia-cizre-kurdos

miércoles, 24 de febrero de 2016

Tuquía, Siria, y los kurdos

Me remito a las imágenes

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Como era aquello de “quien siembra vientos…cosecha tempestades?”
Terroismo?Es simplemente guerra

martes, 11 de agosto de 2015

UNA LOCA AMBICIÓN QUE CONDUCE A LA GUERRA CIVIL | Clinton, Juppé, Erdoğan, Daesh y el PKK

La reanudación de la represión contra los kurdos en Turquía es consecuencia de la imposibilidad, ya demostrada, de concretar el plan Juppé-Wright, planteado en 2011. Aunque resultó fácil desplegar el Emirato Islámico (Daesh) en el desierto y en las provincias iraquíes de Ninive y al-Anbar, mayoritariamente sunnitas, ha resultado imposible controlar los poblados kurdos de Siria. Para realizar su sueño de crear un Kurdistán fuera de Turquía, el presidente turco Erdogan no tendrá más opción que la guerra civil.

 


Publicado en 2013, el plan Wright retoma elementos del plan del ex ministro francés Alain Juppé para Libia, Siria e Irak. Pero Robin Wright va más lejos, incluyendo proyectos para Arabia Saudita y Yemen.

Al llegar al poder en Ankara, en 2003, el partido islamista AKP modificó las prioridades estratégicas de Turquía. En vez de basarse en la correlación de fuerzas posterior a la invasión de Irak, Recep Tayyip Erdogan ambicionaba sacar a su país del aislamiento en que se hallaba desde la caída del Imperio Otomano. Basándose en los análisis de su consejero, el profesor Ahmet Davutoglu, Erdogan se pronunció por resolver los problemas con sus vecinos que llevaban un siglo pendientes y convertirse paulatinamente en un mediador regional al que sería imposible ignorar. Para eso, Turquía tenía que convertirse en un modelo político y establecer relaciones con sus socios árabes, sin renunciar a su alianza con Israel.
Iniciada con éxito, esa política –llamada de «cero problemas»– llevó a Ankara no sólo a dejar de sentir temor frente a Damasco y su respaldo al PKK, sino a pedirle que le ayudara a negociar una salida de la crisis con los kurdos. En octubre de 2006, el partido kurdo declaró una tregua unilateral e inició negociaciones con el gobierno del entonces primer ministro Erdogan. En mayo de 2008, Ankara organizó negociaciones indirectas entre Damasco y Tel Aviv, las primeras desde que Ehud Barack rechazara el plan del presidente estadounidense Bill Clinton y del entonces presidente de Siria, Hafez el-Assad, negociaciones a las que puso fin el actual presidente sirio Bachar al-Assad cuando Israel atacó Gaza, en diciembre de 2009.
Dándose cuenta de que la cuestión palestina hacía imposible mantener buenas relaciones con todos los Estados de la región al mismo tiempo, Ankara optó por apoyar a los palestinos ante Israel. Fue esa la época de los hechos de Davos y de la Flotilla de la Libertad. Al disponer entonces de un amplio respaldo popular, Ankara se acercó a Teherán y aceptó, en noviembre de 2010, participar en un mercado común Turquía-Irán-Irak-Siria. Se eliminó la exigencia de visas entre esos países, los derechos de aduana se redujeron considerablemente, se creó un consorcio para el manejo de pipelines y gasoductos y se instituyó una autoridad para administrar en común los recursos acuíferos. Todo aquello era tan atractivo que el Líbano y Jordania quisieron incorporarse a aquella estructura. Una paz duradera parecía posible en el Levante.
En 2011, cuando el Reino Unido y Francia se lanzaban en una doble guerra contra Libia y Siria, a pedido de Estados Unidos y bajo su control, Turquía –lógicamente– se opuso a ello. Iniciadas bajo el pretexto de proteger a la población civil, era demasiado evidente que se trataba de guerras con objetivos neocoloniales. Además, afectaban los intereses turcos ya que Libia era uno de los principales socios económicos de Turquía mientras que Siria estaba en camino de serlo, gracias al nuevo mercado común regional.
Fue entonces cuando todo cambió…

Cómo Francia hizo que Turquía cambiara de bando

Por iniciativa del entonces ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, en marzo de 2011, París propuso secretamente a Ankara apoyar la incorporación de Turquía a la Unión Europea y ayudarla a resolver su problema con los kurdos… si Turquía se sumaba a la guerra contra Libia y Siria. Viniendo de los franceses, aquella proposición era radicalmente nueva ya que el propio Alain Juppé se había opuesto firmemente a la entrada de Turquía en la Unión cuando encabezaba el partido gaullista y se hallaba entre los colaboradores del presidente Jacques Chirac. Pero, luego de ser condenado por corrupción en Francia, Juppé se exiló del otro lado del Atlántico en 2005 y trabajó como profesor en Quebec, mientras seguía un curso de formación en el Pentágono. Ya convertido al culto neoconservador, Juppé regresó a Francia, donde el entonces presidente Nicolas Sarkozy lo designó ministro de Defensa y, posteriormente, ministro de Relaciones Exteriores.
Retrospectivamente, el plan Juppé es revelador de las intenciones de Francia: opta por la creación de un Kurdistán en tierras de Irak y Siria, siguiendo el mapa que aparecería publicado –2 años después– en el New York Times. Trabajando en conjunto, el Emirato Islámico, el gobierno regional del Kurdistán iraquí y ex colaboradores de Saddam Hussein vinculados a la Hermandad Musulmana, han estado tratando de imponer ese mapa en el terreno. Ese documento, firmado conjuntamente por el entonces jefe de la diplomacia francesa Alain Juppé y su homólogo turco Ahmet Davutoglu, no deja lugar a dudas: Francia tenía intenciones de dotarse nuevamente de un imperio colonial en Siria. Disponía además de contactos dentro de los movimientos terroristas islamistas y preveía la creación del Emirato Islámico. Para garantizar la aplicación del plan Juppé, Qatar se comprometía a invertir masivamente en el este de Turquía, con la esperanza de que los kurdos de Turquía abandonasen el`PKK.
La existencia de este plan se ha mantenido en secreto hasta ahora. Si parlamentarios franceses o turcos lograran obtener legalmente una copia, eso bastaría ampliamente para llevar a Juppé y Davutoglu ante el Tribunal Penal Internacional por crimen contra la humanidad.
Al contrario de lo que muchos creen, existen profundas divisiones entre los kurdos. En Turquía y en Siria, el PKK, de origen marxista-leninista, siempre ha defendido una visión antiimperialista. En cambio, los kurdos de Irak, vinculados a Israel desde los tiempos de la guerra fría, siempre han sido aliados de Estados Unidos. Estos dos grupos ni siquiera hablan el mismo idioma y sus historias son muy diferentes.
Es probable que Estados Unidos, por su parte, haya incluido en la cesta de matrimonio la promesa de promover el modelo político turco a través del mundo árabe y también de ayudar al partido gobernante turco AKP a controlar los partidos políticos surgidos de la Hermandad Musulmana, para convertir a Turquía en centro del Medio Oriente. Lo cierto es que Recep Tayyip Erdogan respaldó –in extremis– el proyecto de la OTAN, que tomó el lugar del AfriCom [1] cuando el comandante de este último entró en rebelión [2].
De inmediato, Ankara movilizó en Libia a los habitantes de Misurata, mayoritariamente descendientes de soldados judíos del Imperio Otomano –los adghams– y de nómadas vendedores de esclavos negros –los muntasirs–, que en el pasado habían respaldado a los Jóvenes Turcos. Estos elementos formaron el único grupo significativo de libios que se animó a atacar Trípoli [3].
Simultáneamente, Ankara organizó en Estambul varias reuniones de la oposición siria, a partir de agosto de 2011. Finalmente, en octubre de ese año, la Hermandad Musulmana formó el Consejo Nacional Sirio, incluyendo en él algunos representantes de diferentes grupos políticos y minorías.

La OTAN renuncia a invadir Siria

Luego de comprobar la implicación de la OTAN en Libia, Ankara contaba lógicamente con una implicación idéntica de la alianza atlántica en Siria. Sin embargo, a pesar de numerosos atentados y de una campaña de propaganda internacional tremendamente larga e intensa, fue imposible sublevar a la población ni atribuir los crímenes masivos al presidente sirio Bachar al-Assad. Y, muy importante, Moscú y Pekín, que al parecer aprendieron la lección del caso libio, vetaron en 3 ocasiones los proyectos de resolución que supuestamente pretendían «proteger» a los sirios de su propio gobierno (presentados al Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de 2011, en febrero de 2012 y en julio del mismo año).
Así que Washington y Londres abandonaron la partida, aunque París y Ankara seguían empeñados en el plan inicial [4]. Francia y Turquía establecieron una estrecha colaboración, llegando incluso –en septiembre de 2012– a poner en marcha un intento de asesinato contra el ministro sirio de Exteriores Wallid al-Muallem y el presidente Bachar al-Assad.
El atentado realizado en Riad contra el príncipe Bandar ben Sultán, en represalia por el asesinato de los miembros del Consejo de Seguridad sirio –en julio de 2012–, dejó huérfano al movimiento yihadista internacional. El príncipe saudita sobrevivió a sus heridas, pero estuvo hospitalizado un año entero y ya nunca pudo volver a asumir plenamente el papel que había desempeñado a la cabeza de los yihadistas. Recep Tayyip Erdogan aprovechó esa coyuntura para tomar su lugar. Estableció vínculos personales con Yassin al-Qadi, el banquero de al-Qaeda, recibiéndolo personalmente –y en secreto– en Ankara y también supervisó los numerosos grupos yihadistas, inicialmente creados por los servicios secretos estadounidenses, británicos y franceses.
En enero de 2013, al intervenir militarmente en Mali, Francia se alejó de los yihadistas sirios dejando las operaciones armadas en Siria en manos de Turquía, aunque siempre mantuvo en el terreno algunos miembros de la Legión Extranjera. Poco después, Washington forzó el emir de Qatar, jeque Ahmad, a la abdicación reprochándole –por denuncia de Rusia– el uso de sus facilidades en contra de los intereses estadounidenses. Arabia Saudita asumió el financiamiento de la guerra contra Siria, incluso antes de la entronización del jeque Tamim como nuevo emir de Qatar.
Para gozar de ese apoyo, al igual que del respaldo de Israel, Recep Tayyip Erdogan comenzó a prometer a todo el mundo que Estados Unidos no se detendría ante los vetos de Rusia y China y que lanzaría la OTAN al asalto de Damasco. Aprovechando la confusión, Erdogan organizó el saqueo de Siria, desmantelando todas las fábricas de Alepo, capital económica de ese país, y robando su maquinaria. También organizó el robo de los tesoros arqueológicos sirios y hasta instauró un mercado internacional de piezas arqueológicas robadas en la ciudad de Antioquía, capital de la provincia turca de Hatay.
Al ver que seguía sin obtener los resultados que esperaba, Erdogan organizó, con ayuda del general francés Benoit Puga –jefe del estado mayor particular del presidente de Francia– una operación bajo bandera falsa [5] –el bombardeo químico en el cinturón agrícola de Damasco– para justificar la entrada en guerra de la OTAN. Pero Londres descubrió el engaño de inmediato y se negó a implicarse [6].
Turquía participó en la operación de limpieza étnica e intento de división territorial de Irak y Siria conocida como «plan Wright». La presencia de los servicios secretos turcos en las reuniones preparatorias del Emirato Islámico en Amman, la capital jordana, está debidamente demostrada por la publicación de un documento de esa reunión obtenido por el PKK. El hecho es que el «plan Wright» retoma el ya mencionado «plan Juppé», que había convencido a Turquía de entrar en guerra. Posteriormente, Erdogan asumió personalmente el mando del Emirato Islámico, garantizándole tanto el suministro de armamento como la venta del petróleo que los yihadistas roban en Irak y Siria.
Observando con angustia las conversaciones entre Washington y Teherán, el gobierno de Ankara se inquietó ante la conclusión de un acuerdo de paz que lo deja “al borde de la carretera”. Ante la proposición del presidente ruso, Vladimir Putin, el ahora presidente Erdogan aceptó participar en el proyecto de gasoducto Turkish Stream con el cual Rusia planea enfrentar el monopolio estadounidense y saltarse el embargo europeo. Después, haciendo de tripas corazón, Erdogan se fue a Teherán para reunirse con el presidente iraní Hassan Rohani, quien le aseguró que nada tenía que temer del acuerdo que estaba negociando con Estados Unidos. Pero al firmarse ese acuerdo, el 14 de julio de 2015, se hizo evidente que ese arreglo no dejaba espacio para Turquía en la región.
Y, como era de esperar, Recep Tayyip Erdogan recibió –el 24 de julio– un ultimátum del presidente Obama intimándolo
- a renunciar inmediatamente al gasoducto ruso;
- a poner fin a su apoyo al Emirato Islámico, del que Erdogan se ha convertido en el jefe ejecutivo utilizando como pantalla al califa Abu Bakr al-Baghdadi, y a entrar en guerra contra esa organización yihadista.
Para que Erdogan supiera que la advertencia iba en serio, Barack Obama le dijo que ya se había puesto de acuerdo con el Reino Unido sobre la posibilidad de sacar a Turquía de la OTAN, a pesar de tratarse de una medida que no está prevista en el Tratado del Atlántico Norte.
Después de deshacerse en excusas y de autorizar Estados Unidos a utilizar la base de Incirlik contra el Emirato Islámico, Erdogan se puso en contacto con el enviado especial estadounidense para la coalición internacional anti-Daesh, el general John Allen, cuya oposición al acuerdo con Irán es públicamente conocida. Erdogan y Allen se pusieron de acuerdo para interpretar las palabras del presidente Obama como una exhortación a la lucha contra el terrorismo y en esa categoría incluyeron al PKK. Sobrepasando el marco de sus funciones, el general Allen se comprometió a crear a lo largo de la frontera turco-siria una «no fly zone» (zona de exclusión aérea) de 90 kilómetros de profundidad en territorio sirio, supuestamente para proteger a los refugiados sirios pero en realidad para aplicar el «plan Juppé-Wright». El primer ministro turco Ahmet Davutoglu habló del apoyo estadounidense a ese proyecto ante las cámaras de la televisión A Haber mientras iniciaba los bombardeos aéreos contra el PKK.
El general John Allen ya había logrado anteriormente prolongar la guerra contra Siria en 2 ocasiones. En junio de 2012, conspiró con el general David Petraeus y con la secretaria de Estado Hillary Clinton para sabotear el acuerdo que Washington y Moscú habían concluido en Ginebra para favorecer la paz en el Medio Oriente. Aquel acuerdo estipulaba, entre otras cosas, el restablecimiento de la paz en Siria –aunque Damasco no había sido invitado a aquella conferencia– pero era inaceptable para los neoconservadores y los «halcones liberales» estadounidenses. El trío Clinton-Allen-Petraeus se apoyó en el nuevo presidente francés, Francois Hollande, y en su nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, para convocar una conferencia de «Amigos de Siria» y rechazar el Comunicado de Ginebra. Al hallarse en plena campaña electoral, el presidente Obama no pudo castigar la traición de sus colaboradores. Pero inmediatamente después de su reelección, hizo arrestar a David Petraeus y a John Allen, a quien había hecho caer en una trampa de índole sexual. Al final, Petraeus fue el único condenado, Allen logró salir limpio y la señora Clinton –al igual que Alain Juppé en Francia– hoy prepara su próxima campaña electoral para competir por la presidencia de Estados Unidos.
El trío Clinton-Allen-Petraeus emprendió una segunda operación, en diciembre de 2014– con la que logró sabotear la Conferencia de Moscú. Prometiendo a la Hermandad Musulmana la puesta en práctica del «plan Juppé-Wright», convencieron a la Coalición Nacional Siria (oposición siria en el extranjero) para que rechazara toda conversación de paz. Este episodio demuestra, de paso, que el objetivo de la Coalición Nacional Siria no es obtener un cambio de régimen en Siria sino destruir ese país y acabar con su estructura como Estado.
Al enterarse de las promesas que el general Allen había hecho a Erdogan mientras que él volaba hacia África, el presidente Obama ordenó desmentir oficialmente el compromiso del general, reconoció el derecho de Ankara a combatir el PKK, pero denunció toda acción contra ese partido kurdo realizada fuera de las fronteras turcas. El presidente Erdogan convocó entonces una reunión del Consejo de la alianza atlántica para informar que Ankara se sumaba a las operaciones de la coalición antiterrorista y el inicio de su doble acción contra el Emirato Islámico y el PKK. El 29 de julio, la OTAN respondió fríamente que respaldaba la acción de Ankara, pero sin reconocerle ningún derecho a bombardear al PKK en Irak y en Siria sin que existiese un caso de «persecución», o sea en caso de comprobarse que el PKK haya utilizado bases en el exterior para lanzar ataques contra Turquía y replegar sus fuerzas hacia ellas.
Al mismo tiempo, el presidente Obama depuso a su enviado especial para Siria, Daniel Rubinstein, y lo reemplazó por Michael Ratney, simultáneamente especialista en Medio Oriente y en manejo de los medios de prensa. La prioridad de Ratney será vigilar estrechamente los movimientos del general Allen.

Turquía en guerra civil

Hasta el momento, las acciones de las fuerzas armadas turcas contra el PKK en Irak y en Siria no tienen ninguna justificación legal a la luz del derecho internacional. Los gobiernos de esos dos países han denunciado los bombardeos turcos como ataques perpetrados contra su territorio nacional. Desde el punto de vista estadounidense, el PKK y el Ejército Árabe Sirio –o sea, el ejército regular de la República Árabe Siria– son las dos únicas fuerzas terrestres eficaces contra el Emirato Islámico. El reinicio de la guerra contra la minoría kurda demuestra que el AKP pretende seguir adelante con la aplicación del «plan Juppé-Wright», incluso a pesar de que Francia y Qatar se han retirado parcialmente de la contienda.
Sin embargo, un elemento fundamental ha venido a modificar profundamente las condiciones del juego: Israel y Arabia Saudita, que hasta hace poco eran favorables a la creación de un Kurdistán y un Sunnistán en territorios pertenecientes a Irak y Siria, ahora se oponen a esa idea. Tel Aviv y Riad saben ahora que si tales entidades llegasen a surgir, no estarían bajo su control sino a las órdenes de una Turquía que ya no esconde sus pretensiones imperiales y que se convertiría de facto en un gigante regional.
En una de esas repentinas inversiones de situación que tanto se ven en el Medio Oriente, Israel y Arabia Saudita han llegado por consiguiente a un acuerdo para contrarrestar la locura del presidente Erdogan y respaldar al PKK por debajo de la mesa, a pesar de tratarse de una formación de tipo marxista. Por otro lado, Israel ya emprendió el acercamiento hacia enemigos tradicionales de Turquía, como la Grecia de Alexis Tsipras y el Chipre de Nikos Anastasiadis.
Que nadie se equivoque. Recep Tayyip Erdogan ha optado por la guerra civil como única salida política personal. Después de haber perdido las elecciones legislativas y logrado bloquear la creación de un nuevo gobierno, ahora trata de intimidar al pueblo de Turquía para convencer al partido MHP (nacionalista) de que debe apoyar al AKP (islamista) en la formación de un gobierno de coalición o para convocar nuevas elecciones y tratar de ganarlas.
La operación antiterrorista, supuestamente emprendida a la vez contra el Emirato Islámico y contra los kurdos, en realidad está dirigida exclusivamente contra el PKK y las YPG (unidades kurdas de autodefensa creadas en Siria a partir del PKK). Los bombardeos turcos supuestamente dirigidos contra el Emirato Islámico no han destruido nada. Simultáneamente, el presidente Erdogan ha iniciado una serie de acciones judiciales contra los líderes kurdos del HPD, Selahattin Demirtas y Figen Yuksekdag. La fiscalía acusa a Demirtas de haber llamado a la realización de actos de violencia contra los no kurdos –algo completamente descabellado– mientras que atribuye a Yuksekdag haber respaldado las YPG, o sea las milicias kurdas de la República Árabe Siria, que para el magistrado turco son una organización terrorista.
Pero la nueva guerra civil no será como la de los años 1980. Será mucho más amplia y sangrienta, porque Turquía ya no tiene ningún aliado exterior y, al mismo tiempo porque la política islamista ha divido la sociedad turca. Ya no será la guerra de las instituciones turcas respaldadas por la OTAN contra el PKK respaldado por Siria sino una verdadera fragmentación de la sociedad turca: islamistas contra laicos, tradicionalistas contra modernos, sunnitas contra alevíes y turcos contra kurdos.



[1] El AfriCom, con sede en Stuttgart, Alemania, es el Mando de las fuerzas armadas de Estados Unidos responsable de las operaciones militares estadounidenses en África. Nota de la Red Voltaire.
[2] Inicialmente denominada «Amanecer de la Odisea», la operación militar contra Libia comenzó bajo las órdenes del general Carter Ham, comandante del AfriCom. Pero este general estadounidense protestó vehemente al ver que se asignaba a al-Qaeda el papel de fuerza terrestre para acabar con la Yamahiriya Árabe Libia, mientras que la coalición anti-Kadhafi decía limitarse únicamente a garantizar la protección de los civiles. Al general Carter Ham se le retiró entonces el mando de la operación militar contra Libia, que pasó a manos de la OTAN bajo la denominación «Protector Unificado».
[3] Después de obtener su independencia de facto, la población de Bengazi se negó a marchar sobre Trípoli. Los ya mencionados habitantes de Misurata estuvieron encabezados por los hombres de al-Qaeda.
[4] Para ser más precisos, París se retiró de la guerra en Siria en marzo de 2012, después de la caída del emirato islámico de Baba Amro y de la entrega a Francia de los miembros de la Legión Extranjera que allí habían caído prisioneros del Ejército Árabe Sirio. Pero, en mayo, el presidente Sarkozy no logró la reelección y su sucesor, Francois Hollande, reanudó la guerra en julio de ese año.
[5] Las operaciones «bajo bandera falsa» o «false flag» son operaciones de inteligencia organizadas de manera que el verdadero organizador pueda atribuir su autoría a otro país o adversario, frecuentemente con intenciones de utilizarla como pretexto o justificación para una represalia ulterior. Nota de la Red Voltaire.
[6] El primer ministro británico, David Cameron, escenificó con el jefe de la oposición un debate en la Cámara de los Comunes, donde ambos líderes “debatieron” leyendo un mismo guión escrito de antemano. El Reino Unido se las arregló así para retirarse del conflicto sirio sin tener que acusar públicamente a Turquía. Estados Unidos optó por la misma solución.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

EL Kurdistan y la independencia

Bueno, ya sabemos a donde va la cosa, y quien los apoya. ahora una información cortesía de RT que avala lo que se ha dicho en SoySanador, la verdad hay que verla en lo que se encuentra Detrás de lo Aparente.

Los kurdos de Irak fijan la fecha de un posible referéndum de independencia


El Kurdistán iraquí planea organizar un referéndum de independencia dentro de los próximos 3 meses si el nuevo Gobierno de Irak no satisface sus exigencias, informan algunos medios de la región.
Mientras el nuevo Gobierno de Irak liderado por Haider Al-Abbadi hace frente a la amenaza de los islamistas radicales del Estado Islámico en el norte del país, la población kurda afirma recurrir a un referéndum de soberanía si las exigencias de la autonomía no son satisfechas.

Según informan varios medios de la región, el líder de la autonomía kurda de Irak está decidido a celebrar un referéndum dentro de tres meses, dándole de esta manera un período de un cuarto año a Al-Abbadi para estabilizar la situación en el país. Mientras tanto, los partidos políticos kurdos decidieron participar en el trabajo del Gobierno iraquí vigente.

La proclamación de la independencia del Kurdistán iraquí podría causar un efecto dominó en toda la región, ya que la variedad de nacionalidades y religiones en Oriente Próximo no cabe en las fronteras artificiales introducidas en el siglo XX, explica a RT Pedro Rojo Pérez, arabista, experto sobre Irak y presidente de la Fundación Al Fanar.

Sin embargo, desde el inicio de la crisis en Irak varios expertos han opinado que el desmantelamiento de Irak era algo casi predeterminado y solo era cuestión de tiempo, ya que los actores de la región empezaron a fortalecer las relaciones directas con la autonomía kurda.


Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/139838-kurdistan-irak-planear-referendum-independencia?utm_source=browser&utm_medium=aplication_chrome&utm_campaign=chrome